joi, 22 aprilie 2010

Donde nunca imagine

Donde nunca
imagine

SARITA_SPAIN

Donde nunca imaginé ~sarita_spain~

Miraba cómo los árboles pasaban como borrones en el horizonte mientras aquel coche la llevaba a su destino. El zumbido que desprendía el motor le producía una leve somnolencia, lo cual sumado al leve ronroneo de las ruedas contra el asfalto le hacía totalmente incapaz de mantenerse consciente.

De repente el coche frenó en seco y Camila abrió los ojos, alzando la cabeza para ver el edificio que se alzaba por encima de ella. Era regio, de piedra, grande y casi fantasmal. Todavía no podía explicar qué hacía ella en ese internado.

- ¿De verdad tengo que vivir… aquí?- Preguntó a su abogado, que conducía el coche, con un leve gesto de repulsión hacia el lugar.- Es muy… austero.

- Camila, no empieces.- Le advirtió Nicolás, su abogado y amigo de la familia desde que ella era un bebé.

- ¿Y no me puedo quedar contigo? Por favor Nico, te prometo que seré buena…- Suplicó la muchacha mientras salía del coche y corría a la puerta del conductor para abrazar al hombre.- De verdad, ni notarás que estoy allí.

- Cami, escúchame.- Le habló el hombre en tono suave pero con semblante duro mientras le cogía de los brazos y agachaba un poco la cabeza para estar a su altura.- Sabes que por mi te quedarías conmigo el tiempo que fuera necesario pero tus padres dejaron claro su deseo de que tu tío tuviera tu custodia si a ellos les pasara algo…

- ¡Pero no es justo!- Sufrió una pataleta de niña pequeña a pesar de sus diecisiete años.- ¡Ni siquiera lo conozco, lo he visto una sola vez y cuando tenía ocho años! ¡¿No es bastante castigo ya ver a tus padres morir delante de tus narices?!- De repente las lágrimas saltaron de sus ojos.

No había llorado desde ese día en que había visto morir a sus padres. Los tres iban de viaje a la playa para celebrar el ascenso del señor Bordonaba pero una curva mal señalizada y un camión con un conductor borracho los había hecho salir de la carretera y dar cuatro vueltas de campana antes de que el motor comenzara a arder. Camila había salido arrastrándose por la ventanilla rota del asiento trasero mientras trataba de no desmayarse a causa de la sangre que cubría su pierna. ¡Nunca había estado tan desesperada!

Una vez fuera trató de sacar a sus padres mientras cojeaba dando vueltas al coche en llamas pero todo fue inútil ya que en ese instante un coche paró en seco en el borde de la calzada y su conductor la alejó del fuego justo a tiempo de que el coche explotara…

- No es justo…- Volvió a repetir Camila mientras lloraba en el regazo de Nicolás y dejaba escapar un suspiro de cansancio.- Nico…

- Lo sé, cariño, lo sé.- La intentó calmar, pero era imposible. Camila había sido un témpano de hielo desde que la fue a buscar al hospital ese fatídico día pero ahora se había derrumbado.- Hagamos un trato.

La muchacha se alejó de los brazos de su amigo y le miró con los ojos oscurecidos por las lágrimas y el dolor.

- Me ha salido un trabajo en España, lo sabes, y estaré allí cuatro meses. Si tras esos meses tú todavía no te has adaptado a la vida en el colegio te prometo que hablaré con tu tío para que me ceda tu custodia hasta que seas mayor de edad. ¿Trato hecho?- Propuso el hombre con una sonrisa melancólica y extendiéndole la mano a Camila.

- ¿Crees que aguantaré?

- Estoy seguro. Eres fuerte y sabrás manejar la situación.

- ¡Pero es un internado de chicos!- Se quejó la morena ante la perspectiva de compartir cuatro largos meses rodeada de testosterona.- ¿Y si quieren abusar de mi?- Le desafió mostrando lo evidente de un colegio lleno de adolescentes.

- Entonces dejaré todo lo que esté haciendo y vendré a darles una paliza a cada uno de ellos para después llevarte conmigo.- Sonrió el hombre mientras hacía una cruz sobre su corazón a modo de promesa con la mano derecha.

- Entonces trato hecho.

Tal y como lo había imaginado el interior del edificio no le mejoraba las perspectivas de uno de los peores momentos de su vida. El interior era de piedra, al igual que el exterior, y el mobiliario parecía del siglo pasado, ya que todo era de madera oscura y tenían tapices en las paredes.

- Creo que mi tío necesita urgentemente un decorador.- Pensó Camila en voz alta provocando una sonrisa en Nicolás mientras levantaba la cabeza y examinaba todo el vestíbulo.- Esto es para morirse y no querer despertarte.

- ¡Cami!- Oyó una voz a sus espaldas. Se dio la vuelta y del despacho de dirección vio salir al mismísimo director, o lo que era lo mismo, su tío Franco.- ¡Cómo has crecido!

- Hola tío.- Le correspondió el saludo la muchacha acercándose y dejándose abrazar por aquel “casi-extraño” para ella.

- Siento de verdad lo de tus padres… No estaba muy unido a mi hermano pero lo quería muchísimo…

- Lo sé, tío.- Cortó Camila antes de que comenzara a llorar de nuevo.- Ha sido un viaje largo y me encantaría darme una ducha y dormir. ¿Dónde está mi habitación?

- Eh… Si… ¡Jorge!- Le gritó a un chico moreno de ojos verdes que venía de un pasillo. Parecía que se ocultaba de algo.- ¿Qué hacía en el sector de las cocinas a esta hora?

- ¿Yo..? Esto… Quería un chocolate caliente pero no quedaba…- El chico sabía mentir bastante bien, era rápido. Camila lo miró con el ceño fruncido y se dio cuenta de que seguramente él iba a ser su compañero de clase, dada la edad que aparentaba.

- Bueno… Lo dejaré pasar por esta vez.- Le reprochó con desaprobación Franco mientras le señalaba a Cami.- Esta es mi sobrina Camila. Se quedará con nosotros este curso.

- Pero… Señor, es una… chica…- Balbuceó el tal Jorge como si no le cuadrara alguna cuenta. Internado de chicos = sólo chicos. Pero Camila parecía ser la incógnita del problema.

- ¡Qué observador!- Giró los ojos la muchacha poniéndolos en blanco y haciendo que Nicolás soltara un gruñido de desaprobación.

- Acompaña a Camila a su habitación. Es el antiguo cuarto de invitados, ya sabes.- Le indicó Franco al muchacho mientras cogía la maleta y el bolso de Camila y se los ponía a Jorge en la mano.- Por el camino explícale las normas más básicas, ¿vale?

Jorge asintió y se tambaleó escaleras arriba con los bártulos de la chica, quien le siguió después de un largo abrazo de despedida con su amigo.

- ¿Te ayudo?

- No, puedo yo solo.- Contestó el chico haciendo muecas por el agotamiento.

Camila hizo rodar de nuevo sus ojos y murmuró algo así como “los hombres y su virilidad”, pero Jorge no llegó a escucharla.

- Bien, las normas son sencillas.- Comenzó a explicar el moreno mientras comenzaban una caminata por un largo pasillo.- Desayuno a las 8:00, clases a las 8:30, comida a las 14:00 y cena a las 20:30. No se puede salir de los límites del colegio y no puedes estar fuera de tu cuarto a partir de las once de la noche.

- ¡¿Once?!- Se quejó la chica, que estaba acostumbrada a deambular por su casa hasta que le venciera el sueño.- Esto es peor que una cárcel.

- Ya ves, y lo peor de todo es que si te saltas los horarios o rompes el toque de queda le darán el día libre a las señoras de la limpieza y te tocará fregar los suelos y escaleras de todo el colegio.

- ¡Fantástico! ¿Algo más o con todo esto ya me puedo dar por informada?- Preguntó escépticamente la chica cuando se pararon frente a una puerta de madera robusta.

- Si, bienvenida a tu nuevo hogar.- Sonrió el chico abriendo la habitación y entrando a trompicones con el equipaje de Camila.

El cuarto no estaba mal. Tenía una cama de matrimonio, un gran guardarropa y una ventana que daba a las pistas de fútbol. Además tenía un baño privado, así que con un poco de color eso podría mejorar bastante.

- Gracias, Jorge.

- Llámame Coco.- Sonrió nuevamente el muchacho. Definitivamente era más simpático de lo que la muchacha creía.- Aquí todo el mundo me llama así.

- ¿Qué clase de apodo es Coco?

- La verdad no lo sé, pero tiene algo que ver con mi cabeza…-Explicó frotándose la coronilla con un mano mientras salía de la habitación.- Hasta mañana, compañera.

- Os presento a vuestra nueva compañera de clase. Tratarla como a una dama, es mi sobrina.- Sonrió Franco cuando presentó a Camila a la clase llena de chicos que se extendía ante ella.

Hubo un murmullo generalizado con susurros y exclamaciones y la muchacha pudo captar frases como “Es una chica”, “¿Se ha vuelto loco?”, “¿Cómo es posible?”…

La verdad es que ya se esperaba un recibimiento así, por lo que no se sorprendió ver las malas caras que ponían todos, sobretodo un grupito al fondo de la clase liderado por dos chicos, uno rubio y otro moreno, junto a los cuales vio la única sonrisa de la clase, la de Jorge. Bueno, más bien la de Coco.

Camila se sentó en una mesa vacía de al lado de la ventana y bajó la cabeza. Lo que menos quería era llamar la atención, ya bastante lo hacía siendo mujer.

La clase comenzó una vez que Franco se había ido. Era la hora de Literatura y el profesor era un viejo hombre calvo de aspecto infantil que se emocionaba hablando de la literatura inglesa y más en concreto de Shakespeare y de sus obras.

- Psss… Eh… Princesita.- Escuchó Camila detrás de su oreja derecha. Fuera quien el que la llamara era un estúpido y ni siquiera le iba a mirar. ¿Princesita ella?- Vamos, no te hagas la sorda conmigo que me pone de mala ostia.

Las duras palabras que escuchó la muchacha la sorprendieron y se giró al instante para encontrarse con unos ojos azules penetrantes que la llamaban desde un par de pupitres más atrás.

- ¡Vaya! No estás sorda…- Se burló el muchacho provocando que Camila levantara la mano y le sacara el dedo medio, dejándolo estupefacto.- Te crees muy graciosa, ¿verdad?- Preguntó con malicia.

- ¡Déjala en paz!- Habló de pronto Coco, haciéndose ver entre los demás pupitres.

Camila miró al frente, al profesor, pero éste estaba demasiado concentrado explicando no se sabía qué cosa de Macbeth en la pizarra.

- Da igual Coco. Puedo defenderme yo sola…- Contestó Camila relajada y agradeciéndole con la mirada al morocho su ayuda.

- ¿Defenderte? ¿Cuánto mides? ¿Metro y medio?- Se burló el rubio mirándola con suficiencia y desprecio a un mismo tiempo, como si no hubiera visto una chica más insignificante en toda su vida.- Que sepas que esto ha sido toda la vida un colegio masculino así que si quieres vivir aquí tendrás que atenerte a nuestras normas, y no te lo pondremos fácil, ¿entendido?

- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que una mujer te pegue una patada en el culo o es que directamente no te gustan las mujeres?- Preguntó la muchacha en voz baja con una sonrisa torcida provocando en el muchacho rubio una gran furia y en Coco una media sonrisa.

- Yo sólo digo que te andes con cuidado… Es una amenaza, Bordonaba.

La tarde pasó más o menos igual que la mañana: Camila iba de un lado a otro sola, estudiaba sola y de vez en cuando algún chico le hablaba, pero solamente para meterse con ella o amenazarla con la excusa de que ese no era sitio para una niña.

Camila le había propinado una patada en las partes más bajas al último que le había llamado niña, que resultó ser el amigo moreno del rubio, el cual, una vez más, la amenazó.

- No te preocupes, perro ladrador poco mordedor.- Le dijo Coco cuando entraron al comedor para cenar después del incidente de la patada.- Te harán alguna novatada pero pronto se olvidarán de ti… Así son Benjamín y Diego.

- Eso es muy alentador…- Ironizó la chica sonriendo porque alguien le hablara civilizadamente.- ¿Cómo es que eres amigo de esos? Pareces diferente, tú me tratas bien.

- ¿En serio? ¡No me había dado cuenta!- Exclamó el chico haciendo reír a la muchacha por su comentario sarcástico.- Yo antes también era así de gilipoyas, pero comprendí que por la vida no se puede ir así. Además, tengo un padre así de imbécil y siempre me he prometido no ser como él así que…

- Eso es bueno.- Le alabó la muchacha sentándose a su lado en el comedor y viendo como el grupito de Coco se sentaba con ellos.- Genial una cena prometedora…

- Hola Bordonaba.- La saludó Benjamín quitándole el panecillo de la mano y comiéndoselo él delante de sus narices.- Veo que has sobrevivido a un día aquí. ¿Sobrevivirás una noche?- Levantó las cejas para infundirle miedo a la chica, pero ésta no se acobardaba tan fácilmente.

- A no ser que sueñe contigo y me den tantas ganas de vomitar que me tengan que llevar al hospital sí que espero superar la noche.- Le contestó la morena con tono conversacional cogiendo otro trozo de pan y masticando alegremente por la cara de tonto que se le había quedado al muchacho.

- No puedes ser tan estúpida… No sabes con quién te estás metiendo.- Le levantó un dedo el chico provocando que los demás les mirara con los ojos bien abiertos por la discusión que estaban manteniendo.- Más vale que cada vez que estés sola mires bien tu espalda, yo podría estar ahí detrás y te podría hacer mucho daño…

- Vaya, de verdad me das miedo, ¿eh?- Se mofó la chica de las intimidaciones de Benjamín.- Hagamos una cosa, tú me dejas vivir en paz y yo no te dejo más en evidencia delante de tus amigos, ¿vale?- Y dicho esto la muchacha se levantó con un yogur en la mano y se fue a su cuarto comiéndoselo por el camino. “¡Maldito idiota!”, pensó mientras subía las escaleras.

Ya era bien entrada la noche cuando Camila escuchó llover fuera de la ventana. Abrió los ojos y una lágrima corrió por su mejilla al recordar a sus padres. ¡Se sentía tan mal, tan sola! Los echaba tanto de menos que desde el accidente apenas dormía, y mucho menos en las noches de lluvia, pues cuando era pequeña y había tormenta su madre siempre se acostaba con ella leyéndole un cuento para que no tuviera miedo.

Miró la mesilla de noche y ahí estaban sus progenitores, mirándola desde un marco de fotos, sonriéndole como aquel día fatídico.

- Mamá… Papá…- Sollozó enterrando la cabeza en la almohada e intentado respirar acompasadamente hasta quedarse dormida.

Lo que a ella le parecieron minutos después de haberse quedado profundamente dormida llorando, algo en su cuarto se movió y cuando abrió los ojos un montón de figuras borrosas se cernían sobre ella.

Intentó abrir la boca para gritar pero la figura que estaba a su derecha fue más rápida y le tapó la boca con las manos, arrastrándola fuera de la cama permitiendo ver a todos su pequeño pijama negro.

- No, si resulta que no está tan mal como pensábamos…- Sonrió con sorna uno de los chicos mirándola de arriba abajo. Parecía la voz de Diego pero no estaba segura, los pasamontañas que llevaban los chicos no le permitía reconocerlos.

La arrastraron con la boca tapada por todo el colegio hasta la cocina, donde la sacaron por una puerta de madera al exterior del colegio, hacia el campo de fútbol, donde detrás de los vestuarios había un terraplén lleno de barro a causa de la lluvia que caía en ese instante.

Camila estaba helada. Ya habían entrado en el otoño, por lo que hacía frío de noche, y eso sumado a la lluvia y a que sólo lleva un pijama minúsculo se estaba congelando de frío. Además estaba descalza y a cada segundo se clavaba piedras en los pies.

Intentaba gritar pero no podía, pero cuando la tiraron al suelo y su cara dio con el barro soltó un gruñido de dolor al sentir la gravilla y el barro incrustarse en sus rodillas y brazos.

- ¿Quieres ser un hombre?- Gruñó uno de los chicos acercándose a ella juntos con otro y cogiéndole del pelo.- Pues vas a hacer cincuenta flexiones bajo la lluvia. Si te caes harás otras cincuenta.

- Te dije que nadie se metía conmigo.- Habló otra voz a su lado, esta vez era Benjamín, había jurado vengarse y así lo estaba haciendo.- No le digas nada de esto a tu tío o esto no será nada comparado con lo que te espera…. ¡Vamos! ¡Empieza!

Camila, desesperada y en un intento de quitárselos de encima si hacía lo que le pedían, empezó a hacer las flexiones y cada vez que llevaba al suelo notaba como uno de los chicos la hacia bajar hasta abajo para que tocara con su cara el barro.

Así siguió hasta que uno por uno, aburridos del espectáculo, los muchachos comenzaron a irse a la cama. Ya era bien entrad ala noche y llovía caudales. Cuando Camila llegó a las veintiséis flexiones cuando el último chico, Benjamín, se marchó, y ella se dejó caer agonizando en el barro.

No sabe cuánto tiempo pasó allí con los ojos cerrados temblando de frío, lo único que supo es que tiempo después alguien la había cogido en brazos y la había metido a la cocina del colegio, donde una chica amable le quitaba el barro de la cara con una toalla.

- Me parece que tiene hipotermia, hay que llamar al director y a la enfermera.- Habló la muchacha de rostro dulce.

- No, estoy bien…- Habló Camila tiritando mientras alguien pasaba por sus hombros una gruesa manta y se sentaba al lado de ella. Era Coco.- Coco, no llames a mi tío…

- Tranquila, Cami.- Susurró él mientras la muchacha que estaba allí le acercaba un tazón de leche caliente.

- Tómatela, te sentara bien. Le he echado un poquito de miel para el constipado que tendrás mañana.- Sonrió la chica con tristeza al ver a Camila en ese estado.- Por cierto, soy Mica, la ayudante de cocina.

- Camila…- Se presentó la morena también agradeciéndole la leche.- Eres muy… joven.

- Si, dejé los estudios y aquí estoy cocinando para este puñado de burros…- dejó caer como si nada la frase mientras Coco le sacaba la lengua, provocando que Cami se fijara en ellos dos y le lanzara una mirada significativa a Coco y después a Micaela.- Si, estamos saliendo a escondidas, no nos delates.

- Si, a mi me expulsarían y a ella le despedirían.- Suplicó Coco haciendo que Camila les sonriera dándoles confianza y ellos suspiraran aliviados.- Gracias, eres una amiga de verdad.

- Será mejor que os vayáis a la cama los dos y tú date una ducha bien caliente que mañana en el desayuno te haré llevar algo para el catarro.

- Gracias, Mica. La verdad es que no sabía que hubiera alguna chica por aquí. Ha sido un placer conocerte…

Como había dicho Micaela, al día siguiente Camila se despertó con el mayor resfriado que había tenido en su vida. Le dolía la cabeza, la cual le iba a estallar de fiebre, y se sentía realmente mal… pero eso no le frenó para volver a clase con la cabeza bien alta ante la mirada atónita de los chicos y la sonrisa amistosa y preocupada de Coco.

Los días pasaron y situación no mejoró. Cada día le hacían algo diferente e incluso repetían la bromita de las flexiones, pero ella no se quejaba ni a Franco ni a Nicolás, que la llamaba cada tres días desde España.

Mientras, se había hecho muy amiga de Micaela y había conseguido el permiso de su tío para pasar tiempo con ella en la cocina, a lo cual Franco accedió encantado al ver que así por lo menos su sobrina no se sentiría tan sola.

- Hace un mes que nos conocimos.- Observó Micaela sonriente batiendo huevos para la cena mientras miraba el calendario.- ¿Siguen sin dejarte en paz?

Camila asintió triste mirando también el calendario. Llevaba allí treinta y un días aguantando aquellos estúpidos y el único que la trataba bien seguía siendo Coco.

- Es un asco, pero yo me mantengo digna.

- ¡Di que si, hombre! No hay nada mejor que verles la cara de palurdo que se les queda cada vez que te ven entrar con la cabeza alta al comedor por las mañanas.- Se rió Micaela al recordar esa misma mañana cuando vio la cara de Benja al ver que una Camila sonriente entraba al comedor con un moratón en la mandíbula a causa de una caía la noche anterior por una de sus bromas.- ¿Te duele el golpe?

- No más que a ellos su orgullo de macho.- Sonrió también con ganas la sobrina del director.- Dentro de poco hay puente y se irán casi todos a sus casas… Podríamos hacer algo de chicas, por ejemplo, ponerlos verde en una fiesta de pijamas.

- Ya les ponemos verdes todos los días.- Observó Mica ayudando al cocinero a poner los huevos batidos en una gran sartén.- ¿Tú que piensas, Luca? ¿Nos das alguna idea para vengarnos de los chicos?- Se dirigió al cocinero, que en las últimas semanas también se había encariñado con Camila, ya que esa pasaba casi todo su tiempo libre allí.

- Lo mejor es que se aburran… Son odiosos esos niñatos. Vosotras sois mil veces más maduras que ellos.- Señaló el cocinero pasándole la sal a su ayudante.- Sólo espero que yo nunca tenga un hijo así…

Los tres se rieron y pasaron el resto de la tarde urdiendo planes estúpidos para hacerles a Diego y a Benjamín, planes imposibles en la práctica pero muy divertidos en la teoría.

El día que todos se iban a casa de puente Camila se quedó chafada. El gran Benjamín Rojas no se iría esos días y tendría que aguantarlo incluso cuando había vacaciones.

Llegó al comedor a la hora de cenar y lo vio solo con una expresión que nunca había visto en él. Se acercó a Micaela, que servía la cena a los pocos alumnos que quedaban y le señaló al rubio.

- ¿Me parece a mi o el principito tiene cara de haber llorado?- Se extrañó.

- Ni idea, pero sea lo que sea se lo tiene merecido…- Añadió su amiga mirando también como el rubio mascaba una patata sin ninguna gana.- Da pena verlo así…

- Si, es como si fuera el hermano gemelo bueno.- Se rió Camila cogiendo un plato y sirviéndose ella misma.- ¿No te dijo Coco que se iba a ir a Brasil con su padre?

- Si, pero al parecer su padre le quiere tanto como nosotras a él, nada.- Le explicó la muchacha pasándole un vaso de zumo a un alumno del primer año.- Es muy triste ver como algunos padres abandonan a sus hijos.

- Si, mis padres nunca me hubieran hecho eso.- Le contestó Camila recordando como cada día lo buenos que eran sus padres.- Yo daría lo que fuera por tenerlos aquí conmigo mientras los señores Rojas ni siquiera le mandan una triste carta a su hijo…

Por la noche volvió a llover. Era época de tormentas y el internado estaba más frío que nunca, por lo que Camila no podía dormir. Necesitaba algo caliente, chocolate o leche, pero algo que la ayudara a entrar en calor.

Se levantó, se puso su albornoz y salió de su cuarto poniendo rumbo a la cocina. Sabía que no podía ir tan tarde pero era urgente, el frío la estaba matando.

Cuando llegó sacó la leche y un vaso, y mientras añadía el caco algo llamó su atención. Un ruido, un débil ruido provenía de la vieja despensa de la cocina. ¿Estaría Mica allí? ¿Se habría quedado encerrada?

Corrió hacia la puerta y escuchó. Era un llanto.

- ¡Mica!- Abrió la puerta de golpe preocupada por su amiga, pero la escena que vio allí dentro la dejó helada.

No era Micaela la que se hallaba allí, sino que Benjamín Rojas estaba sentado en el suelo de la despensa, llorando y mirándola con cara de pánico.

- Ca… Camila…- Balbuceó poniéndose de pie y saliendo enfadado de su escondite.

- ¿Estás bien?- Se preocupó la muchacha. En ese instante se le olvidaron todos sus odios. Nunca había visto a nadie tan destrozado, nunca salvo a ella tras el accidente.

- ¡Déjame en paz!- Gritó el muchacho con la cara roja por la furia pero sin dejar de llorar.

- Yo…- Comenzó a hablar la chica pero no pudo terminar la frase. Benjamín la agarró de los brazos con fuerza y la aplastó contra la pared, cogiéndole también de la garganta.- Ni se te ocurra contarle esto a nadie, ni siquiera a tu amiga la cocina. ¿Me has entendido?- Gritó fuera de si mientras la chica, asustada, asentía como podía con lágrimas comenzando a salir de sus ojos.

Benjamín la miró y vio el terror en su mirada, por lo que aflojó la presión del cuello y puso ambas manos a cada lado de la cabeza de la chica, bajando la suya propia con gesto cansado.

- No le digas nada a nadie y ni los chicos ni yo te volveremos a hacer nada, ¿vale?- Su voz ahora sonaba grave, afligida, pero ya no daba miedo.- Lo prometo.

- Va…Vale pero…- Tartamudeó la chica con el miedo todavía instalado en el cuerpo. Benjamín subió la mirada y fijó sus ojos en los de la chica, dejándola muda durante un par de sungos.- Yo… Quiero ayudarte.- Habló al final.

- ¿Por qué?- Preguntó escuetamente el chico, extrañado.

- No lo sé, la verdad. Supongo que soy buena persona.- Dijo sinceramente la muchacha haciendo que por la comisura de los labios de Benja apareciese una sonrisita socarrona.- No me mires así, sabes que es verdad.

- Te envidio, Bordonaba.- Soltó de repente el muchacho sin todavía bajar los brazos y mirando aún más profundamente a la chica.- Tiene fuerzas, lo admito, eres mucho más hombre que cualquiera de los chicos del colegio.

- No me gustan los machistas, no me insultes diciendo que porque soy mujer te sorprende que sea más dura que ellos.- Le habló ahora Camila enfadada por las palabras del chico.- No me hagas enfadarme de verdad, Benjamín.

- Dilo otra vez.

- ¿El qué?- Preguntó extrañada la chica frunciendo las cejas por la pregunta del chico. ¿A qué demonios se refería?

- Mi nombre.

- ¿Benjamín?- Preguntó de nuevo aún más confusa. ¿Las lágrimas le nublaba el cerebro?- ¿Estas loco?

- Eso creo…- Contestó acercándose a la chica y besándola con pasión y frenesí, bajando por fin los brazos de la pared y cogiéndola de la cintura para sentirla contra su cuerpo.

Camila no podía reaccionar pero cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo era ya demasiado tarde, Benjamín había salido de la cocina dándole un puñetazo de furia a la puerta dejándola totalmente confusa y con los labios doloridos por el beso.

Los días pasaron y los demás volvieron al colegio. En los días que había durado el puente Camila no le había contado nada a Micaela y tampoco había visto a Benjamín por el internado, sólo lo veía durante las comidas, solo y con expresión ausente.

Como era de esperar, con los alumnos también llegaron de nuevo las bromas.

- Si tenemos aquí a Bordonaba, te he echado de menos.- Le dijo Diego nada más verla en el pasillo de los cuartos de baño, que llevaban a la habitación de Cami, interrumpiéndole el paso agarrándola de la cintura.- ¿Tú me has echado de menos a mi?

- Si, claro, tanto como a una mierda.- Le espetó Camila tratando de zafarse de los brazos fuertes de Diego. La estaba ahogando con tanta presión.

- Déjala en paz Diego.- Habló Benjamín saliendo del baño con el neceser en la mano y llevando solamente una toalla atada a la cintura.- He dicho que la sueltes.

- ¿Qué pasa, Rojas? ¿Te has hecho amigo de la princesita durante las vacaciones?- Se burló Diego haciendo que su grupito también se riera, pero todos callaron con la mirada fulminante del rubio.

- Sólo te digo que la dejes en paz. Se acabaron las novatadas.- Se enfrentó el rubio a su amigo clavándole la mirada.- Ya ha pasado por bastantes cosas, y además, como Franco vea otro moratón más en su cara va a sospechar.

- Muy bien, Benja.- Afirmó Diego dándole la razón mejor lanzándole una mirada lasciva a la chica.- No te haremos más daño, princesa, pero si quieres podemos seguir viéndonos por las noches…- Insinuó el moreno acerándose a la chica, pero sus palabras se atragantaron en su garganta cuando sintió que su amigo le agarraba del pelo y lo tiraba hacia atrás, alejándolo de la muchacha, que veía toda la escena con los ojos abiertos como platos y sin saber porqué Benjamín hacía todo aquello.

- Vete a tu cuarto, Camila.- Y con estas palabras todo el mundo se dispersó, dejando a Diego totalmente enfadado.

Los días pasaron y todo parecía normal. Ya nadie se metía con ella. La lección que le había dado Benjamín a Diego en el pasillo había corrido por los pasillos como la pólvora y nadie se atrevía a meterse con Camila.

- Todo parece ir mejor, ¿no?- Señaló Micaela días después al incidente en la puerta de los baños.- Ya nadie te hace bromas de mal gusto.

- No, desde que Benja la defendió…- Agregó Coco comiéndose una galleta y mirando significativamente a Camila.- ¿Qué ha pasado? ¿A qué se debe su cambio de actitud?

- La verdad no lo sé.- Respondió Camila sinceramente, aunque evitó el dato del pacto que habían hecho esa noche de vacaciones.- Una cosa es dejar de molestarme él, pero nunca pensé que me defendiera así.

- Igual le gustas.- Apuntó Micaela sentándose al lado de su chico cuando terminó de secar los últimos platos de la cena. Eran las 23:30 y se habían pasado del toque de queda.

- No digas tonterías, Mica.- Exclamó Camila cogiendo también una galleta y llevándosela a la boca.- Lo que pasa es que habrá cambiado, como Coco lo hizo.

- Puede ser, Benja siempre fue listo a pesar de portarse como un imbécil a veces.- Asintió el moreno dándole un beso en la mejilla en su chica y haciendo que ella se acurrucara en su pecho.- De todas formas, sea por lo que sea por lo que haya cambiado, todo está mejor así. Tu cuerpo ya no aguantaba más catarros y contusiones.

- Y que lo digas.- Se mostró de acuerdo su amiga.- Tenía el cuerpo lleno de dolores, pero últimamente estoy mejor, desde que ya no se ceban conmigo hasta me gusta este lugar, y todo por vosotros dos.

- Pues si…

- Bueno, será mejor que os vayáis a la cama, y tú primero Coquis.- Se levantó de golpe Micaela de la silla haciendo que su chico también se levantara.- Nos vemos mañana.- Le besó despidiéndose de él.

- Buenas noches chicas.

- Chau, Coco.- Sonrió Camila al ver la tierna escena de despedida de sus amigos. La verdad es que esperaba que nunca les pillaran y separaran, hacían tan buena pareja…- Yo también me voy, Mica. Chau.- Y despidiéndose de su amiga se dirigió a su pasillo pero una vez más, al pasar por el baño de los chicos Diego salió a su encuentro, esta vez solo.

- Vaya, al final nos encontramos a solas, cariño.- Habló con una sonrisas que pretendía ser sexy y conquistadores.

- Vete a la mierda Diego.- Largó la muchacha haciéndose paso por el pasillo, pero el moreno la refrenó una vez más, cogiéndola en volandas y tapándole la boca para meterla en el baño.

El baño estaba frío y oscuro, sólo entraba la luz de la luna por una por persiana semi-levantada.

Diego la echó contra la pared y trató de besarla a la fuerza pero ella se resistía y no dejaba que los labios de aquel asqueroso tocaran los suyos. Diego la cogió fuertemente de la mandíbula mientras apretaba su cuerpo contra el pequeño cuerpo de la muchacha, haciéndole difícil la respiración y comenzando a provocar que unas ligeras lágrimas cayeran por la mejilla de Camila.

- Déjame, por favor.- Sollozó Camila tratando de empujarlo sin éxito alguno.

- ¡Cállate zorra!- Gritó el muchacho pegándole una chapada a la chica, lo cual provocó que ésta soltara un aullido de dolor.- Ya no está tu príncipe Rojas para protegerte, ¿verdad? Eres una cualquiera… ¿Qué pasó en las vacaciones para que ahora él te defienda? ¡Dímelo!- Gritó fuera de si toqueteándola entera.

- Nada…- Lloró la chica sin fuerzas, pues empezaba a sentir dolorido todo el cuerpo por la presión y la tristeza. No podía creer que le estuviera ocurriendo algo tan horrible.

- ¡Mentirosa! Ahora vas a hacerme a mi lo que le hiciste a él… Ya se que no soy rubito con ojos azules pero vamos, no me vas a despreciar, ¿verdad?- Sonrió de forma grotesca Diego agarrándole la camiseta del uniforme y desgarrándosela, quedando la chica en corpiño.

- ¡¡No!!- Gritó Camila al sentirse desnuda ante aquel monstruo y ya sus lágrimas brotaban sin parar, no podía contenerlas más. Cerró los ojos y cuando creía que Diego le iba a hacer la más desdichada de las personas en ese mundo, el chico se separó bruscamente de ella y oyó un golpe en la pared de enfrente.

Abrió los ojos y vio como Benjamín tenía a Diego acorralado en el suelo pegándole patadas en el estómago sin piedad.

- Benja… ¡Benjamín!- Gritó la chica al ver la cara ensangrentada del moreno. ¡Si seguía así lo iba a matar!- Benjamín, para, está inconsciente…

Y en ese instante el rubio paró, llenó de ira pero con sus ojos llenos de preocupación por Camila.

- ¿Estás bien?- Corrió a su lado para mirarla y descubrir que tenía una contusión en el ojo debido al golpe que Diego le había dado hacia unos minutos.

- Si… Gracias…- Susurró la chica mirándole con ojos trémulos y temblando de arriba abajo. Benjamín se quitó la camiseta para dársela y en el instante que le iba abrazar Franco, Coco y algunos chicos del curso entraron al baño, viendo toda la escena: Camila en sujetador poniéndose la camiseta del pijama de Benjamín y a Diego inconsciente y sangrando en el suelo del baño.

- ¿¡Qué ha pasado aquí!?- Gritó Franco corriendo hacia su sobrina, arrebatándosela a Benjamín de sus brazos y abrazándola él.- Cami, cariño, ¿estás bien?

- Si… Diego… Diego trató de violarme…- Lloró la chica en el pecho de su tío mientras miraba fijamente a Benjamín, que le miraba con terror en los ojos, semi-desnudo en el centro del baño.- Si no fuera por Benja yo… yo…

- Ya está, ya está.- Le acarició el pelo su tío dirigiendo su mirada a Benjamín, agradeciéndole todo lo que había hecho por Camila.- Gracias, señor Rojas.

Benja asintió y salió del baño directo a su habitación mientras el profesor de Literatura llegaba y enviaba a los demás chicos a sus cuartos.

Al día siguiente la noticia había corrido por todo el colegio. Diego había sido mandado al hospital con una expulsión bajo el brazo y Franco convocó una reunión del Consejo Escolar para tratar el asunto de las novatadas y la casi-violación. Cami testificó la primera y le quitó importancia a las novatadas, por lo que los chicos solamente recibieron un castigo, un duro castigo, pero se lo merecían.

Por la noche, en su cuarto, Camila miraba la foto de sus padres cuando llamaron a la puerta de su habitación.

- Pasa.- Dijo creyendo que era Micaela, quien le había dicho que seguramente se pasaría esa noche por su habitación, pero era Benjamín quien asomó su cara por la puerta.- Hola.

- Hola, ¿estás bien?- Preguntó con voz conmocionada y lágrimas en los ojos.- Cami… Yo… Lo siento de verdad, de verdad, perdóname…- Corrió a arrodillarse a los pies de la chica, quien se quedó con la boca totalmente abierta por la actitud del chico.

- ¿Por qué?- Preguntó extraña haciendo que Benja levantara la mirada de su regazo, una mirada llena de arrepentimiento.- Tú me salvaste de Diego…

- Pero antes te hice la vida imposible y lo siento de veras. Todo esto empezó por mi culpa y por mi puto machismo, lo siento de veras…- Le abrazó por la cintura sin levantarse del suelo mientras Camila, tímidamente, posaba una mano en su pelo.- Todo he este tiempo he sido como mi padre, creyendo que si me comportaba como él me haría más caso y quizás me quisiera un poco… Pero me di cuenta de que eso era una estupidez el día que me encontraste en la despensa llorando. Ese día me enteré que mi madre le había pedido el divorcio y que a partir de este próximo verano iba a vivir con ella…

- Eso es bueno, ¿no?- Le sonrió Camila haciendo que el chico levantara el mentón y la mirara.- Ya no te tendrás que comportar como un estúpido y ahora tendrás que ser encantador conmigo.

- ¿Entonces me perdonas?

- Claro que si, pero ni se te ocurra volver a tratarme como lo has hecho hasta ahora. Primero no me dejabas en paz y después estabas totalmente alejado, distante…- Le dijo la chica tristemente haciendo que el rubio se levantara del suelo y se sentara a su lado.- Podemos ser amigos…

- Si, podemos pero… No creo que pueda.- Le contestó el chico acariciándole con el pulgar el contorno del moratón que Diego le había dejado.- Yo… Camila, tú eres la chica más increíble que conozco… ¿Es que no lo ves? El beso, esa noche… Fue una idiotez, lo sé, se suponía que nos odiábamos pero no pude evitarlo, fue la primera vez hice algo que realmente sentía.

- ¿Y ahora que sientes?- Preguntó emocionada la chica mirándole con felicidad. ¡No se podía creer que estuviera pasando eso! ¿Benjamín Rojas se le estaba declarando? ¿Cómo había cambiado todo así? ¿Cómo había dado la situación un giro tan inesperado?

- Siento que si me dejas estaré toda la noche besándote y pidiéndote mil perdones.- Sonrió de forma esperanzadora el muchacho. Sentía que esa noche era el comienzo de una nueva etapa en la que dejaba de ser un niño para ser ya un hombre.- Gracias, de verdad. Te quiero…

- Benja… Yo también.- Le correspondió la chica acercándose a él y cediendo a su voluntad de besarla toda la noche.

Nunca pensó que acabaría enamorándose de ese, nunca pensó en que él fuera su príncipe azul y la salvara de todo aquello. Gracias encontró el amor, lo encontró donde nunca imaginó.






Un comentariu:

  1. Me gusta mucho la novela pero no esta escrita por mi , es de sarita_spain de el foro de benja rojas
    www.benjarspain.superforos.com

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