vineri, 23 aprilie 2010

Mas que musica , amor - capitulo 5

Capítulo 5, “Confusión”:

Benja abrió los ojos y miró al techo. ¿Dónde estaba? Se frotó los ojos con fuerza y cuando bajó el brazo algo le retuvo. Miró hacia su pecho y allí estaba la confirmación de su sueño: Camila.
Creía que la noche anterior, los besos, las caricias, la pasión, el cariño… habían sido fruto de una fantasía demasiado vívida, de una ilusión demasiado real. Pero no, ella estaba allí, desnuda y frágil, abrigándose con el cuerpo de él, apenas cubiertos por una pequeña manta.
Benjamín se recostó un poco sin apenas moverse para no despertarla y subió la manta para taparla mejor pero en ese instante ella giró tumbándose encima de él y él pudo ver su espalda llena de moratones.
- Cami…- Susurró muy bajito para no asustarla mientras miraba con preocupación los hematomas que la castaña tenía en el espinazo.- Cami, cariño…
- Humm…- Rezongó ella un tanto desorientada y tratando de levantarse, ya que estaba tirada encima del rubio totalmente despatarrada.- ¿Qué…?- Abrió los ojos de golpe y se movió rápido cogiendo la manta para taparse, dejando a Benjamín desnudo frente a ella.- ¡Pero tápate, por el amor de dios!
- Si me has arrebatado toda la manta… Además, yo estoy muy cómodo.- Se encogió de hombros el muchacho olvidando sus preocupación mientras se ponía más cómodo en el sofá y torciendo la boca en una sonrisa picarona.- Además, anoche no te avergonzaba que te viera desnuda.
- Yo… Eh… Yo anoche…- Tartamudeó Camila, abriendo la boca varias veces y rindiéndose al final. ¿Entonces todo había sido de verdad? ¿No lo había soñado? ¿Había hecho el amor con Benjamín?- Joder Benja, pásame entonces tu camiseta.
El rubio alzó una ceja divertido y le pasó su camiseta. Camila se la puso con rapidez y le pasó la manta para dejar de tener a aquel chico delante de ella así. [i]”Madre mía Camila, deja de mirar, deja de mirar…”[/i], pensaba ella en su fuero interno luchando contra si misma para apartar la vista del cuerpo de Benjamín.
- ¿Te pasa algo?- Preguntó el muchacho rompiendo los pensamientos de Camila.- Creo que deberíamos hablar de esto, ¿no?
- Yo…- Se frotó el pelo nerviosa mirando a su alrededor.- ¡Mierda!- Exclamó de pronto mirando el reloj que pendía de la pared.- Benja, ¡son las 08:30 h.! ¡Vamos a llegar tarde el primer día!
Benjamín se levantó del golpe al ver la razón que tenía la muchacha y se vistió rápidamente como pudo mientras observaba cómo Camila se escondía para que él no la volviera a ver desnuda. Entonces la castaña se quitó la camiseta del muchacho para devolvérsela y ponerse la suya y Benja cayó en la cuenta de algo importante.
- Cami, ¿qué te ha pasado aquí?- Dijo de pronto acariciando la espalda de la muchacha, que dio un salto al sentir su tacto. ¡Se había olvidado de los golpes!- Parecen recientes.
- Si, es que… es que me caído.- Mintió la chica sin atreverse a mirarle a los ojos. Sabía que si lo hiciera acabaría perdida y confesando todo.- Si, ayer, por las escaleras de mi casa… ¡Es que soy tan torpe!
- No parece una caída, Cami.- Insistió él con el ceño fruncido y obligándola a que le mirara a la cara.- ¿Te han pegado? Cami, ¿quién te ha hecho esto?
- No, nadie. Me he caído, de verdad.- Murmuró ella alejándose del rubio mientras buscaba su camiseta, que estaba debajo de la mesa.
- Cami… ¿Ha sido Diego? ¿Te pegó antes de irse?- Se acercó rápidamente a ella abarcando con sus manos la cara de ella.- Puedes confiar en mi.
- ¡Te he dicho que me he caído, ¿entendido?!- Puso fin a la conversación Camila alejándose de él y saliendo por la puerta trasera de un portazo.


- No van a venir…- Gruñó Felipe con los brazos cruzados y mirando a Luisana y a Micaela con una ceja alzada mientras daba pequeños golpes con la punta del pie en el suelo. ¡Parecía la Señorita Rotenmeyer!
- ¡Oh, vamos, Benja nunca se perdería el primer día!- Protestó Luisana defendiendo a su amigo frente a su novio, que llevaba ya bastante rato quejándose de la falta de puntualidad de Benja, Camila y Coco.- Él no es así.
- Pues Camila sí que podría faltar perfectamente. Odia la carrera de Derecho, lo hace por sus padres.- Explicó Micaela sentándose en un banco para esperar a sus amigos, así no se cansaría.- ¿Y Coco?
- Ni idea, últimamente está raro.- Se encogió de hombros Felipe sentándose al lado de la morena y apoyando la cabeza en el vientre de Luisana, que permanecía de pie junto a ellos.- Ayer le invité a ir a tomar unas cervezas y dijo que no quería.
- ¿No sería que no podría?- Preguntó Luisana mirando al horizonte, buscando a sus amigos de forma distraída.
- No, no. Dijo que no quería… ¿Desde cuando no quiere Coco salir por ahí?- Se preguntó el voz alta el moreno entrecerrando los ojos mientras pensaba alguna excusa para el comportamiento de su amigo.- No es normal…
- Quizá esté cambiando, quizá esté madurando.- Soltó Micaela recostándose contra el respaldo del banco recordando la conversación que tuvo con Coco dos días atrás.
- ¡Gracias, Mica!- Saltó de repente el susodicho por encima del banco, estampándole a la muchacha un beso en la cara.- Y por haberme defendido te mereces…- Buscó con la mirada alrededor, cortó con cuidado un par de margaritas que crecían junto a un seto y se las regaló a Micaela.- Estas flores.
- ¡Vaya Coco! ¿Desde cuando regalas flores?- Exclamó divertida Luisana por el comportamiento de su amigo: no quería salir, daba besos incluso a Mica, regalaba flores… Definitivamente estaba raro.
- ¿Celosa princesita?- Alzó las cejas Coco.- ¡Au! ¡Felipe, joder!
- Ya te he dicho mil veces que dejes de meterte con Luisana.- Le amenazó levantando la mano, dispuesto a darle otro pellizco.
- Joder, era una broma… me has hecho daño.- Le recriminó frotándose todavía el brazo. Le lanzó una mirada furibunda a su amigo y se giró hacia Micaela, que miraba la nada pensativa.- ¿Te pasa algo?
- No, no… Sólo pensaba en el año que nos espera.- Se encogió de hombros la morena regalándole una sonrisa que lo dejó alelado.- ¡Ah, y de nada! Por haberte defendido digo… Es que me acordé de lo que hablamos el otro día de camino a casa.
- Si… Te estoy haciendo caso y centrándome. Gracias por todo, te debo una.
- ¿Una? Me debes dos meses de esclavitud, ¿recuerdas?- Bromeó la muchacha recordando cómo había accedido a la propuesta de fingir ser su novia durante una noche.- No me he olvidado.
- Ya vienen.- Anunció Luisana apartándose del banco para que Felipe se irguiera a su lado.- Ya era hora, ¿dónde os habíais metido?- Preguntó con las manos en las caderas y expresión de mala leche cuando la pareja se acercó.
- De casa.- Respondió rápidamente Camila.
- Del garaje.- Añadió Benjamín un tanto distraído.
- ¿Y para qué has ido al garaje por la mañana?- Se extrañó Micaela levantándose y poniéndose frente a Benja, que la miraba turbado por sus propios pensamientos. ¡No lograba sacarse de la cabeza la noche anterior y los moratones en la espalda de Camila!
- Se me olvidó algo allí.- Mintió el rubio cogiendo a Micaela por el brazo y comenzando a andar junto a todos sus amigos, seguidos de cerca por una Camila a punto de llorar.


La mañana pasó como si el tiempo se estuviera riendo de ellos… ¡Y eso que sólo era la presentación del nuevo curso!
Micaela llegó ilusionada pero su ánimo fue cayendo de a poco a lo largo de las horas. Le encantaba Enfermería, las asignaturas prometían ser interesantes pero también prometían ser largas y bastante complejas.
A Felipe se le cayó el mundo encima al ver la cantidad de material que debía comprar. Le encantaba saber que sería arquitecto y tenía muchas ganas de comenzar pero el material que requería la asignatura era mucho y bastante caro.
Benjamín, Luisana y Coco iban juntos a Comunicación Audiovisual y estaban emocionados. Harían trabajos extensos, si, pero también tenían prácticas en cadenas de televisión y eso los excitaba de sobre manera.
Y por último Camila, enfrascada durante toda la mañana en su amargura, escuchando los libros que debía comprar… No le importaba que fueran caros, le importaba que ninguno de ellos bajara de las mil páginas. ¡Para qué quería ella saber Derecho Romano si ya no se ejercía actualmente!
- ¿Y? ¿Qué tal la mañana, cariño?- Preguntó Luisana cuando se reunieron todos a la salida de la universidad para ir a comer a casa de Coco, en la que no había nadie porque sus padres habían tenido que viajar al sur.
- Bien pero necesito pasta. El material es carísimo así que tengo que buscarme un trabajo si o si.- Manifestó cansado y con los hombros agachados, caminando cabizbajo junto a sus amigos.
- Si, yo también tengo que conseguir trabajo porque debemos comprarnos no sé qué leches para las prácticas en el laboratorio y paso de pedirle algo más a mi vieja, ya bastante hace con trabajar día y noche para pagarme la carrera.- Explicó también Micaela pensando en cómo iba a encontrar un trabajo a media jornada y de forma rápida.
- Quizá Piru os puede enchufar en el “K + da”.- Sugirió Benjamín alzando las cejas mientras pensaba en cómo ayudar a sus amigos. Él no era rico, ni siquiera de clase media, pero sus padres y él se mantenían estables económicamente.
- Ese es el bar donde tocáis a veces, ¿no?- Preguntó Camila mirando a Benja pero apartando rápidamente la mirada al recordar la noche anterior.
- Si, Piru es el encargado y a veces necesita gente.- Explicó Coco al ver cómo Benjamín se había quedado callado al mirar a Camila.- No os preocupéis, saldréis del paso y aunque sea con poquito nosotros ayudaremos. Además, seguro que Piru se enrolla y os ofrece algo aunque sea para los fines de semana.
- Ojalá… Además si nos movemos para hacer más actuaciones podremos conseguir también algo de dinero.- Se encogió de hombros Luisana, que siempre trataba de verle el lado positivo a la vida, aunque no siempre lo lograba.
- Si queréis… Si queréis yo…- Comenzó a trabarse Camila mirando como todos posaban su mirada en ella, sintiéndose ruborizada al sentir la mirada azul mar penetrante de cierto rubio.- Yo os puedo dejar algo de dinero.
- No, aquí nadie se presta dinero.- Dijo cortante Benjamín apartando la mirada de ella.- Nosotros no funcionamos así. Si alguien necesita algo todos nos movemos y lo conseguimos. Los préstamos y la amistad nunca traen nada bueno.
- Si Cami, gracias, pero Benja tiene razón, nunca nos prestamos… Más que nada porque no tenemos pero siempre logramos conseguir algo, así que no te preocupes por nosotros, ¿vale?- Sonrió Micaela abrazando a su amiga por los hombros, que se había quedado cortada ante la contestación de Benja.
Ella sabía que estaba enfadado pero tampoco era para tanto… Quizá si hablara con él se le pasaría el mal humor y volverían a ignorarse de forma educada. ¿O debía decirle que no fue Diego y darle una mejor excusa del golpe? ¿Debería contarle que es su padre quién la maltrata? ¡Estaba hecha un lío!


La casa de Coco era un hervidero de vida: Luisana cocinaba con Felipe revoloteándole por la espalda, Mica y Benja cantaban mientras preparaban una ensalada, Camila les acompañaba cantando llevando los platos a la mesa y Coco fregaba lo que los demás iban ensuciando.
Se conjugaban a la perfección y se lo pasaban genial incluso haciendo las labores de casa.
- ¿Llevas la ensalada?- Le pidió Benja a Camila con una sonrisa, pasándole la fuente y rozándole sin querer las manos.
- Claro.- Sonrió tímidamente Camila. ¡Menos mal que Benjamín ya no le parecía enfadado!- ¿Quieres que lleve algo más?
- No, ya llevo yo los cubiertos.- Agregó el rubio cogiendo a Micaela de cintura, apartándola de un tirón de su lado y cogiendo los cubiertos.
- ¡Bruto!- Exclamó Mica con una carcajada mientras recogía todo lo que habían utilizado para preparar la ensalada.- ¡Tocan el timbre!
- ¡Yo voy!- Respondió rápidamente Coco secándose las manos y corriendo hacia la puerta de salida. Abrió la puerta y se quedó con los ojos abiertos de par en par.- ¿Gimena?
- ¡Coquis!- Gritó la muchacha morena que estaba al otro lado de la puerta abalanzándose contra el morocho ante la mirada atenta y flipada de todos sus amigos y de Micaela, que creía que iba a devolver allí mismo y sin saber porqué.- ¡Estás guapísimo!
- Tú… Tú también.- Logró articular el chico cuando la muchacha lo soltó de aquel abrazo estrangulador.- Esto… Chicos, esta es Gimena, es…
- ¡Encantado!- Dijo rápidamente Benjamín acercándose a la morena y dándole dos sonoros besos que dejó a Camila con el estómago en la garganta.- Estábamos a punto de comer, ¿te unes?
- ¡Claro!- Exclamó la chica derrochando simpatía y saludándolos a todos, uno por uno.- ¡Vaya! Así que sois la famosa banda de Coquis.- Dijo Gimena cuando ya todos estaban sentados a la mesa, unos más cómodos que otros.
- Simplemente somos una banda, no la banda de Coquis.- Espetó ácidamente Micaela con evidente sarcasmo, cosa que dejó totalmente cortada a Gimena.- Todos formamos la banda.
- Si, Coco es el pianista, Benja el cantante y también toca la guitarra, Felipe el batería, Micaela es el bajo y yo guitarrista y corista.- Enumeró Luisana con los dedos, dedicándole a Gimena una sonrisa francamente amistosa.
- ¿Y tú?- Preguntó de golpe la nueva invitada dirigiéndose a Camila.- ¿Tú qué eres?
- Yo… Yo solo…
- Ella nos ayuda pero no es del grupo.- Explicó Benjamín interrumpiendo a la castaña, que comenzó a ponerse roja de ira al ver cómo se sonreían aquellos dos.
- Si quieres algún día puedes venir a vernos a algún concierto, solemos tocar en un bar llamado “K + da”.- Ofreció Felipe llevándose un vaso de agua a la boca.
- No creo que sea buena idea.- Gruñó Micaela por lo bajo, cosa que sólo oyó Camila y con la que estuvo totalmente de acuerdo.
¡Mica estaba que se subía por las paredes! Al parecer Coco si estaba madurando y al parecer había centrado sus esfuerzos en una chica: Gimena.
¡Y a Camila una rabia se le estaba extendiendo por cada centímetro de su pequeño cuerpo! ¿Por qué Benja y la tal Gimena se sonreían así?
- Oye Coquis, no te importará que me quede unos días, ¿no? Pasado mañana me dan mi apartamento y no sé donde quedarme.- Preguntó de repente Gimena haciendo que Micaela clavase con demasiada fuerza el tenedor en el plato y que Felipe escupiera de la dentera.
- Claro, ya sabes que mi casa es tú casa.


- Esto ya está. ¡Nos vamos Coco!- Gritó Luisana antes de salir de casa del moreno.
- ¡Hasta mañana!- Se despidió el chico, que estaba en su cuarto instalando a Gimena.
Uno a uno se fueron marchando y Coco fue a al salón en busca del bolso de su invitada.
- ¡Mica! Creía que te habías ido.- Exclamó el muchacho al ver a la morena limpiándose las manos con un trapo y cogiendo su bolso para marcharse.
- Es que faltaba un par de cosas por fregar pero ya me voy.- Contestó rápidamente esquivando su mirada y corriendo hacia la puerta. Pero no pudo llegar a su objetivo, Coco la frenó en seco antes de que tocara el picaporte.
- No hace falta que te vayas, quédate un ratito.
- Si claro…- Resopló con ironía tratando de salir de allí sin éxito.- ¿Me dejas irme? Seguro que Gimenita te está esperando.
- ¿Estás celosa?- Alzó una ceja divertido Coco mientras una sonrisa pícara se extendía por sus labios.- No me digas que…
- ¡No te digo nada!- Se puso colorada Micaela mirando hacia otro lado mientras se mordía el labio inferior, volviendo totalmente loco a Coco.- Además, ¿por qué me iba a poner yo celosa?
- Quizá porque en el fondo te gusto.- Aventuró el chico dando un paso hacia ella provocando que la muchacha retrocediera.- Quizá porque estás empezando a sentir algo por mi.- Dio otro paso más hacia Mica, haciendo que ésta diera otro hacia atrás y chocara contra el sillón.
- ¡Error! Prueba con otra cosa.- Respondió la chica comenzando a ponerse muy pero que muy nerviosa. ¡No tenía escapatoria! ¡No podía seguir retrocediendo!
- Entonces la última alternativa es que estés perdida y locamente enamorada de mi.- Finalizó Coco apretándose contra ella haciendo que la chica cayera de espaldas al sofá y él encima de ella.
- ¡Quita Coco!- Se revolvió ella debajo del musculado cuerpo del chico.- Gimena puede salir y…
- Mica, Gimena es mi prima.- Dijo por fin el muchacho con la victoria inscrita en la cara al ver cómo Micaela se había quedado muda y blanca en un solo segundo, aprovechando ese instante para darle un suave piquito que les llevó al cielo.- Mi prima la de Pinamar, ¿recuerdas? Con la que de chiquito me iba de vacaciones…- Explicó dándole otro besito corto pero esta vez más profundo y ardiente.
- ¿Tú prima Gimena la de las trencitas y las gafas es esa Gimena?- Preguntó anonadada Micaela mientras sentía el cuerpo de Coco encima del suyo y su aliento cálido rozarle los labios. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se estaba estremeciendo así? ¿Por qué se dejaba llevar de aquella forma?
- La misma…- Susurró Coco antes de agachar su cabeza por última vez y enfrascarse en el beso más ansiado de su vida.


Camila caminaba rápidamente por las calles. Quería llegar a casa cuanto antes para poder estar con su madre a solas y tranquilas por lo menos durante un par de horas antes de que volviera su padre del trabajo.
El aire le azotaba tímidamente la cara y sintió un escalofrío propio de los primeros días de frío, en los que todavía puedes salir a la calle ligera de ropa pero en los que era totalmente necesaria una chaqueta, chaqueta que Camila no tenía.
De repente una mano la agarró del brazo y una chaqueta con olor a hombre cubrió sus hombros. Se giró rápidamente y dio de lleno con la mirada celeste de Benjamín.
- No pensarías que te iba a dejar ir sola a casa helándote por el camino.- Se burló Benja frotándole los brazos y echando a caminar junto a ella.- Mañana abrígate mejor.
- Pensaba que te ibas a quedar con Gimena, como parece que os lleváis tan bien…- Ironizó la castaña tratando de quitarse inútilmente la chaqueta del muchacho. No necesitaba nada, y menos de él.- No tengo frío, vete a casa.
- ¿Qué pasa? Vamos, Cami, tenemos que hablar.- Susurró él parándose en seco y mirándola intensamente a los ojos.- Lo de anoche…
- Lo de anoche fue un error.- Terminó la frase la chica haciendo que un cuchillo afilado se clavara en el pecho de Benjamín.
- ¿Eso piensas?- Preguntó dolido, con mirada sombría.
- Si, eso pienso.- Soltó de golpe Cami quitándose la chaqueta del rubio y devolviéndosela sin atreverse a mirarle directamente.
Camila se dio la vuelta despacio, retomando el camino a casa y alejándose de Benjamín. No podía sentir eso por él y mucho menos quería que él sintiera eso por ella. Ella no era buena para él, él no se merecía a una persona con tantos problemas y secretos… Sabía que podía confiar en él pero no quería meterlo en todo aquello.
Entró a casa y vio a su madre en el sofá, tranquila, en calma. Le sonrió tristemente y se sentó al lado de ella en el sofá sin decir nada. Se abrazaron y se quedaron dormidas juntas.

No sabían cuanto tiempo habían estado traspuestas, sólo se despertaron de repente con un grito atronador. Abrieron los ojos de par en par y vieron a Juan tirar el maletín al suelo con la cara llena de ira.
- ¡¡Después de un día asqueroso en el trabajo sólo quiero llegar a mi casa y relajarme!! ¿¡Y qué es lo que me encuentro!? ¡A las dos dormidas en el sofá!- Vociferó el hombre haciendo que ambas saltaran del sofá.
- Nos… Nos hemos dormido.- Tartamudeó en voz baja Nora tratando de que su marido se serenara mientras abrazaba a Camila para protegerla.
- Nos… Nos hemos dormido.- Repitió con tono burlón acercándose a su mujer y cogiéndola del cabello, arrastrándola hacia la cocina.- ¡Ahora mismo me vas a preparar la cena! ¡Y tú!- Señaló a Camila desde la puerta de la cocina.- ¡Tú la vas a ayudar!
- Si, si…- Asintió con las lágrimas comenzando a salirle y con el miedo instalado en el estómago. Corrió hacia su madre al tiempo que su padre se marchaba y se abrazó a ella.- Tranquila mamá, vamos…
- Mi amor, ¿has hablado de esto con alguien?- Murmuró Nora al cabo de un momento, cuando ya estaban más tranquilas las dos.- ¿Se lo has contado a Mica?
- No mamá, a nadie… ¿Por qué?
- Deberías desahogarte con alguien aparte de mí. No es bueno que te guardes todo.- Explicó su madre acabando de preparar la cena.- ¿No confías en nadie?
- Si mamá pero no quiero meterlos en mis problemas… Ya sé que debería contar con el apoyo de alguien ajeno a todo esto pero ¿y si a la larga es peor? No quiero lastimar a nadie…- Dijo Camila sentándose en una silla y visualizando en su cabeza el rostro de Benjamín. ¿Debería hablar con él? ¿Contarle todo? Quizá él sabría darle el apoyo que necesitaba…
- Quizá Micaela…- Comenzó a hablar Nora pero Camila le interrumpió.
- Mica ya tiene bastante con lo suyo. Anda con problemas de dinero y ya sabes que su madre tiene problemas con el banco.- Se explicó la castaña.- Aunque quizá Benja…- Soltó por fin haciendo que su madre le mirara con ojos tiernos.
- Parece que entre Benja y tú hay algo, ¿no?
- Si, algo pero no sé qué exactamente.- Sonrió tristemente la muchacha.
- Llámalo.- Le animó Nora cogiendo el teléfono móvil de la castaña y pasándoselo a su hija.- Habla con él.
Camila cogió el teléfono temblando, con un nudo en la garganta y comenzando a llorar de nuevo. ¿Es que nunca se iban a terminar las lágrimas?
Buscó su número en la agenda del teléfono y esperó a que Benja colgase.
- Dime Cami.- Identificó él el número nada más verlo en la pantalla del móvil.
- Benja, tengo que hablar contigo…



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