Capítulo 3, “Sentimientos encontrados…”:
El sol comenzó a entrar por las pequeñas ventanas dándoles de lleno en la cara.
Camila abrió los ojos lentamente y parpadeó varias veces antes de darse cuenta donde estaba y porqué estaba allí. Los recuerdos de la noche anterior la abrumaron de nuevo y las lágrimas comenzaron a asomar pero tras ver quién la estaba abrazando en aquel incómodo sofá las detuvo de golpe.
Benja se había quedado toda la noche aguantando su llanto y cuando éste terminó se limitó a seguir callado y a abrazarla, hasta que se quedaron dormidos.
Camila lo miró fijamente y alzó una mano para acariciarle la cara pero la dejó suspendida en el aire a pocos centímetros de la piel del chico. No quería despertarlo.
Se volvió a tumbar en el pecho del chico y suspiró, haciendo que Benjamín abriera lentamente los ojos y le tocara el pelo suavemente.
- ¿Estás mejor?- Susurró para no incomodarla ni hacerle sentir mal.
- Si, gracias.- Dijo ella levantándose un poco y mirándolo con los ojos tristes y el corazón latiéndole a mil por hora.- Siento haberte retenido toda la noche, tu madre debe estar preocupada.
- No te preocupes, está acostumbrada a que a veces me quede a dormir aquí.- Explicó él con media sonrisa incorporándose también un poco sentándose frente a frente con Camila, a escasa distancia.- Si quieres no me cuentes porqué estabas así ayer pero si te quieres desahogar…
- Gracias pero no puedo hablar de ello… No estoy preparada.- Le explicó la muchacha en voz baja mirando tan cerca lo profundo que era el azul de los ojos del rubio.- Además, ni puedo ni debo.
- Está bien, pero si algún día puedes y te sientes preparada puedes contar conmigo.- Dijo él con sinceridad inscrita en cada palabra que salía de su boca.- Sé que no nos conocemos y que hemos empezado con mal pie pero nadie se merece estar así de triste…
- Gracias.- Dijo en voz tan baja y quebrada que Benjamín apenas le hubiera entendido sin leerle los labios.- Yo venía a por Mica pero me di cuenta de que no sabía su dirección y…
- No tienes que darme explicaciones.- Le cortó el muchacho con delicadeza porque sabía que si Camila empezaba a hablar de la noche pasada iba a terminar llorando de nuevo.- ¿Quieres que te acompañe a casa?
Camila se levantó y negó con la cabeza con una mirada triste. Seguía igual de destrozada por dentro pero por lo menos su corazón seguía latiendo gracias al consuelo que Benjamín le había dado.
Se acomodó la camiseta llena de arrugas, se pasó el dedo por el pelo y le dio un beso suave Benja, dejándolo allí sentado pensativamente y marchándose rápidamente a ver a su madre.
- ¿Mamá?- Preguntó temerosa Camila cuando asomó la cabeza por la puerta de la habitación de sus padres.- ¿Estás despierta?
- Si, cariño.- Asintió Nora sentándose en la cama y dándole golpecito al colchón para que su hija se sentara a su lado.- ¿Estás bien? ¿Has podido dormir en casa de Mica?
- He dormido en la bajera donde ensayan.- Explicó la castaña sin mencionar que con quien había pasado la noche era con Benja.- Yo estoy bien pero ¿y tú?
- Estoy bien… Se durmió cuando te fuiste y hoy se ha ido pronto a trabajar.- Aseguró Nora al ver la cara de dolor de su hija. Nunca pensó que su marido pudiera hacerle algo así, y mucho pensó que se lo pudiera hacer a Camila.- Pronto se terminará esto, ¿vale?
- ¿Cómo?- Preguntó la chica con un grito ahogado por el llanto.- Nunca se va a terminar, él no cambiará… ¿Por qué no nos vamos lejos?
- Porque nos encontraría y nos haría más daño…- Contestó la mujer con un susurro desgarrador, haciendo que Camila apretara fuertemente los dientes con ira y frustración.- No tenemos nada ni ningún sitio a donde. Cuando termines la carrera podremos marcharnos.
- ¡Pero mamá, mi carrera dura cinco años!- Se quejó Camila hundiéndose cada vez más- Nunca había llorado tanto en tan poco tiempo. En España siempre disimulaba pero la noche con Benja y esta conversación con su madre estaban haciendo sacarle todo lo que llevaba dentro.- No podemos esperar tanto tiempo…
- Cariño, yo sólo quiero un buen futuro para ti y en cuanto seas una gran abogada ambas podremos marcharnos y luchar contra él, pero mientras no porque no quiero que te haga más daño del ya te hace.- Insistió la mujer quedándose sin fuerzas.
- Está bien pero si encuentro una salida antes no dudes de que la cogeré mamá, y tú vendrás conmigo.- Le aseguró abrazándola y dándole besos en la cara, donde las heridas eran más pronunciadas.
- Eso sería genial, hija.
Pasaron los días y las semanas y Camila se había hecho un pequeño hueco en grupo. Ayudaba a los chicos con la composición de nuevas canciones y además ayudaba con la afinación de los instrumentos y la puesta a punto de los micrófonos.
Se llevaba genial con todos y aunque con Benja la relación seguía siendo un tanto distante ya no se habían vuelto a pelear como lo hacían antes, simplemente hablaban lo justo y necesario.
En casa las cosas no iban mejor, seguía habiendo gritos y amenazas pero ningún golpe más desde aquella noche. Juan tenía tanto trabajo en la embajada que cuando llegaba a casa cenaba y se echaba a dormir sin apenas mirar a su hija y a su mujer, que muchas veces dormía en el cuarto de Camila por temor a desertarlo.
- Mica, ¿me podrías hacer un favor?- Preguntó Coco acercándose cohibidamente a la morena un día de ensayo, lejos de los oídos de los demás. Micaela alzó las cejas y le envió una mirada sarcástica.- Verás… Mis abuelos vienen del interior a hacernos una visita, ya sabes, como cada seis meses y…
- ¿Y?- Le miró la chica comenzando a desesperarse por los rodeos que el muchacho estaba dando. ¿Qué tenía de raro la visita de sus abuelos? Venían dos veces al año y cenaban con los padres de Coco y la banda, ya que apreciaban mucho la música que componía su nieto.- Ya sabes que voy a ir, como siempre.
- Si, verás. Es que esta vez no va a ser como siempre…- Habló en voz baja Coco frotándose la nuca en señal de nerviosismo.- Es que el otro día hablando con mi abuelo por teléfono… Pues hablamos de chicas, ya sabes y…
- ¡¿Y?!- ¿Por qué demonios le estaba dando tantas vueltas a la cena con sus abuelos?
- Pues que le dije que tú eras mi novia y está muy ilusionado por vernos juntos.- Soltó de golpe el muchacho al ver la cara de impaciencia que estaba poniendo Micaela.
- ¿Qué tú qué?- Preguntó incrédula abriendo tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas.- ¿¡Y se puede saber porqué demonios le has dicho eso!?
- ¿Qué pasa?- Preguntó Felipe desde el otro lado de la bajera al escuchar los gritos de Micaela.- ¿Qué has hecho esta vez?
- Nada…
- ¿¡Cómo que nada!?- Volvió a gritar indignada Micaela separándose de Coco y mirándolo como si tuviera la peste.- ¡Que el Casanova este le ha dicho a su abuelo que soy su novia y ahora el señor Maggio quiere vernos juntos!
- ¿Qué?- Soltaron una carcajada Benja y Luisana a la vez ante la mirada divertida de Camila, que no se enteraba de mucho pero le hacia gracia la reacción de su amiga.
- Joder, era solo un favor… Es que a mi abuelo le ha entrado la perra de verme con novia formal antes de morirse.- Se excusó Coco sentándose en el sofá enfurruñado y escondiendo la cara contra un cojín como un niño pequeño.- Ya conocéis a mi abuelo.
- Si, es peor que tu abuela en lo referente a las novias.- Recordó Benja sentándose a su lado y revolviéndole el pelo a su amigo.- Tu abuelo es un genio, entenderá que no estés con Mica, que eres un Don Juan.
- Si, ya…- Volvió a refunfuñar el moreno.
- A una mala le puedes decir que habéis cortado porque sólo funcionabais como amigos.- Propuso Felipe acercándose a Camila con algunas partituras y colocándolas en el armario en el que estaba poyada la morena.- No es tan grave.
- Aunque le diga eso el señor Maggio estará metiendo cizaña toda la noche, lo sabes Felipe.- Dijo angustiada Micaela. Le caía genial el abuelo de Coco pero si en todas las cenas había querido emparejarlo entre ellos… ¡No se podía imaginar qué diría sabiendo que acababan de cortar!- No puedo hacerlo.
- Vamos Mica, no es tan malo, sólo es una noche.- Dijo Luisana tirándose en otro sofá con una lata de Nestea en la mano.
- Claro, sólo tendréis que cogeros de la mano, sonreír y daros un par de cariñitos.- Agregó Camila para apoyar la propuesta de Luisana. ¡Qué bien se lo estaban pasando las dos con aquella situación!
- Tú no te metas, Cami, que no conoces al abuelo…- Le señaló con un dedo amenazante.- Como eres nueva podrías hacerte pasar tú por su novia.
- Pero es que le he dicho que eras tú, Mica.- Se quejó una vez más Coco mirándola con un puchero.- Por favor, hazlo por mí… Seré tu esclavo un mes si lo haces… ¿Por favor?
- Serás mi esclavo dos meses.- Contraatacó Micaela rindiéndose finalmente ante la cara de cordero degollado de su amigo, ahora novio ficticio.
- ¡Gracias!- Se levantó con un salto Coco cogiéndole de la cabeza y dándole un sonoro beso en la mejor.- ¡Te quiero, eres la mejor!
- Ya lo sé, así que no te pases de listo…
- Coco, pásame la salsa.- Dijo la señora Maggio, todavía un poco contrariada por el repentino anuncio del noviazgo de su hijo con Micaela.- Bueno, cuéntanos. ¿Cómo es que el abuelo sabía de vuestra relación y nosotros no?
- Bueno mamá, es que yo al abuelo le cuento todo.- Sonrió nervioso el muchacho pasándole la salsera a su madre ante la mirada divertida de todos sus amigos, que luchaban por no partirse de risa a cada segundo.
- Si, Teresa, para nosotros también fue un bombazo cuando nos lo contaron.- Se entrometió Felipe tratando de mantener la compostura.- Tu hijo es todo un semental y ya se veía que estaba hasta las manos con Mica… ¡Au!- Gritó Felipe al sentir una patada por debajo de la mesa y una mirada asesina de Mica.- ¡Au, pero fue una noticia buenísima…!- Trató de arreglaron sin éxito, ya que el señor Maggio y los abuelos miraron a Felipe con una ceja alzada.
- Estoy está buenísimo, señora Maggio.- Dijo de repente Camila para aliviar la tensión del momento. Había estado un poco callada porque era la primera vez que iba a cenar allí pero se lo estaba pasando en grande.- Es usted una gran cocinera.
- Gracias querida, pero llámame Teresa como todo el mundo.- Sonrió la mujer encantada por lo educada y buena chica que era Camila.- Bueno, entonces contarnos cómo fue que empezasteis a salir.
- Verás Tere… Es que me da un poco de vergüenza…- Susurró Micaela poniéndose roja como un tomate al ver al abuelo con cara expectante por saber la historia.
- Si, ya sabes mamá, una cosa llevó a la otra y…- Comenzó Coco, pero fue interrumpido por Benjamín.
- Y acabaron liados como todos los que se pelean para esconder sus sentimientos.- Anunció el rubio haciendo Coco, que se había llevado el vaso a los labios, comenzara a toser sin parar, provocando la carcajada de todos sus amigos y de los abuelos.
- Cariño, Jorge, bebe despacio.- Le regañó la abuela entre risas, haciendo que a Luisana se le cayera el tenedor por lo graciosa que era la situación.- Ay, estos chicos…
- Déjalo en paz, mujer.- Se rió también el abuelo mirando a su nieto y a Micaela, que estaba llegando al límite de la situación.- Mica, cariño, tú no hagas ni caso, que cuando Felipe y Luisana empezaron a salir también os metíais con ellos y mira lo bien que están ahora.
- Eso Mica, mira lo bien que estamos.- Se carcajeó una vez más Luisana, ya con lágrimas en los ojos y comenzándole a doler la barriga por la risa.- Vamos Mica, no te enfades…
- No me enfado, es sólo que no me puedo creer los amigos tan infantiles que tengo.- Lanzó la morena como un cuchillo afilado, dejándolos a todos callados y serios durante un segundo, pero provocando otra carcajada colectiva en seguida.- ¡Argg! ¡Sois de lo que no hay!- Gritó levantándose y corriendo hacia al baño antes de cometer una locura.
- Mica…- Susurró Coco levantándose rápido pero quedándose parado en medio del salón, bajo la atenta mirada de su familia y amigos, que ahora se sentían realmente mal.- Voy a buscarla…
- Si, será lo mejor, hijo.- Corroboró el señor Maggio.
Micaela entró al baño como alma que lleva el diablo. Cerró la puerta con pestillo y se sujetó al lavabo con fuerza mientras se miraba al espejo y trataba de respirar con normalidad. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué se habían sentido tan mal con los chistes de los chicos si ella ya iba preparada para ellos?
Sacudió la cabeza y abrió el grifo para lavarse un poco la cara y despejarse. Cuando el agua helada tocó su piel sintió una extraña sensación de alivio en las mejillas. ¿Se había puesto colorada durante la cena? ¡Genial, eso era lo único que le faltaba!
Suspiró y se sentó en la taza del inodoro, tratando de recobrar la compostura para salir de nuevo al salón, despedirse de todos e irse a su casa a lamentarse del lamentable espectáculo que había dado.
- Mica…- Susurró una voz al otro lado de la puerta, haciendo que ella diera un saltito en su improvisado asiento.- ¿Te encentras bien?
- Si Coco, estoy bien, vuelve al salón…- Suspiró la chica al cabo de varios segundos de silencio.
- Pero, ¿qué te ha pasado? ¿Te ha molestado lo que han dicho los chicos?- Insistió el morocho. Micaela se quedó callada, pensando y pensando sin llegar a ninguna conclusión.- ¿Mica?- Volvió a llamarla el chico al ver que no obtenía respuesta.- Mica, lo siento… Siento haberte metido en todo esto pero por favor, no me dejes así. Dime qué te pasa…
Micaela se levantó de la taza y apoyó la frente en la puerta, tratando de no dejarse llevar por la agonía que le estaba consumiendo. ¿Se podía saber qué mierda le pasaba? ¿Por qué de repente le molestaban esos chistes sobre Coco y ella? ¿Por qué se sentía mal al escuchar la voz preocupada de Coco al otro lado de la puerta?
Tocó el picaporte suavemente, tiró del pestillo y abrió la puerta, mirando dubitativamente a Coco, que la miraba con inquietud.
- ¿Estás… bien?- Se cortó un poco el chico entrando al servicio y cerrando la puerta tras él, poniéndose frente a frente a la muchacha. Micaela asintió y sonrió tratando de esquivar al chico y salir por la puerta.- Espera…
Le cogió de la mano con timidez y la volvió a sentar en la tapa del inodoro. Se agachó de cuclillas frente a ella y acarició la mejilla de la chica con retraimiento.
- Lo siento, de verdad. Si quieres ahora salimos ahí y decimos la verdad… No hace falta que finjamos más.- Propuso el chico haciéndole ver a Micaela que estaba arrepentido por toda aquella situación.- Siento todo esto, siento llamarte sargento y siento meterme contigo siempre.
- Ya, seguro… Ahora lo siente pero en dos días estarás haciéndolo de nuevo.- Se rió la muchacha apartando la mano de muchacho por lo incómoda que se sentía.- Mejor salimos ahí, me disculpo por haber sido tan tonta y me voy a casa.
- Está bien, pero te acompaño.
- No hace falta, Coco…- Negó con la cabeza la morena sintiendo como el pánico se instalaba en su estómago. No quería estar ni un minuto más a solas con él.- No.
- Si, si hace falta. Vamos.- Se animó Coco poniéndose en pie de un salto y tirando de la mano de Mica para que se pusiera en pie.
Salieron del cuarto de baño cogidos de la mano y cuando entraron al salón todos se quedaron mirando cómo tenían enlazados los dedos.
- Voy a acompañar a Mica a casa, no se encuentra bien.- Anunció Coco mirando a todos, que se habían quedado quietos como estatuas.
- Eh… Será mejor que nosotros también nos vayamos.- Benjamín fue el primero en hablar y en levantarse.- Gracias Tere, estaba todo buenísimo, como siempre.
- No hace falta que os marchéis.- Se apresuró a decir la abuela, que quería a esos chicos como si fueran sus propios nietos.
- No te preocupes abuela, otro día nos quedamos más rato pero hoy será mejor que nos marchemos.- Sonrió Coco con la mano todavía cogida a la de Micaela, que no se atrevía a hablar.- Buenas noches.
Todos se despidieron y salieron a la calle. Caminaron todos juntos en silencio, sin atreverse a decir nada porque sabía que habían metido la pata con Micaela. Ella siempre había sido la fuerte pero estaba claro que algún día tendría que hundirse.
- Mica, lo sentimos mucho…- Murmuró Luisana al llegar al cruce donde sus caminos se tenían que separar.- No sabíamos que te iba a joder tanto esto….
- No os preocupéis, es sólo que me estaba cansando, ya sabéis como soy.- Se rió Micaela quitándole hierro al asunto.- Será mejor que me vaya a casa. Cami, ¿te acompaño?
- Eh… ¿No te iba a acompañar Coco?- Divagó Camila mirando con ojos entrecerrados a sus dos amigos.- Yo puedo ir sola… No me va a pasar nada, sólo son unas cuadras.
- Yo la acompaño, Mica.- Se ofreció Benja, que quería que Coco estuviera con Mica y así pudieran charlar mejor. Además, no quería que Camila fuera andando hasta su casa sola porque ella vivía en la parte residencial, donde todos los ricos, pero para llegar hasta allí tenía que atravesar el barrio pobre, donde vivían todos ellos.
- Pero…
- Mica, deja que Benja acompañe a Camila.- Insistió el morocho poniéndole una mano en el hombro y obligándola a mirarlo.- Yo voy contigo.
- Está bien…
Camila y Benjamín caminaban por las calles en silencio, disfrutando del frescor de la noche y del paseo. En cualquier otra situación el silencio hubiera sido incómodo pero ellos estaban muy a gusto, se sentían cómodos caminando el uno al lado del otro. Hacia ya semanas que habían pasado esa noche durmiendo en el garaje y desde entonces habían hablado lo justo y necesario, pero aún así se sentían bien en silencio.
- Bueno, mañana nos vemos…- Sonrió Benjamín al ver la gran casa donde vivía Camila, parecía una mansión.- ¡Vaya, pues si que es importante tu padre!
- Si…- Asintió disgustada la muchacha al captar cierto tono de ironía en su voz. Si Benja supiera que su padre aparte de ser importante era un cabrón…- Gracias por haberme acompañado.
- Quería que Mica y Coco hablasen.- Explicó el rubio parando de caminar frente a la puerta de la casa, mirando a Camila sin apenas pestañear.
- Ya… Yo también.- Dijo Camila sin apartar tampoco la vista de él.- Ha sido una cena… Interesante.
- Si, los abuelos Maggio son los mejores.- Sonrió Benjamín haciendo que Camila también sonriera.- Son como los nuestros también.
- Ya me he fijado.- Agachó la mirada la castaña, sacando las llaves del bolsillo del pantalón y jugueteando con ellas.- Bueno, hasta mañana…
Se dio media vuelta con la mano estirada hacia la cerradura pero Benja la paró, cogiéndole del brazo y haciendo que se diera la vuelta. La agarró por los hombros y la miró fijamente.
- ¿Estás bien?- Preguntó realmente preocupado clavándole los ojos azules y dejándole durante dos segundos sin respiración.- Desde aquella noche… No hemos vuelto a hablar.
- Estoy bien.- Asintió agradecida la muchacha con media sonrisa.- Gracias por lo que hiciste por mi, a pesar de que me odiaras estuviste toda la noche aguantándome.
- Yo no te odio.- Parpadeó confuso Benja mirándola con la cabeza torcida y los ojos entrecerrados.- Yo nunca podría odiara alguien como tú.
- Yo pensaba que… Después de lo de España me odiarías.- Explicó la morena con culpabilidad al recordar cómo lo habían sacado del bar y pegado por su culpa.- Yo no quería que te pegaran. Lo siento.
- ¡Bah, eso fue hace mucho tiempo! Ya no tengo ni marca.- Se rió el rubio acercándose a ella y mostrándole el ojo, que había salido sin secuelas de los golpes.- Además, ¿qué chico no se ha metido nunca en una pelea por una desconocida?
- Claro, no eres un macho hasta que no te peleas por la cantante de un grupo.- Siguió la broma la chica pegándole un suave puñetazo en el hombro a Benja, haciendo que los dos se rieran con ganas, sintiendo una conexión que nunca habían sentido.- Bueno…
- Bueno…- Repitió Benja terminando de sonreír y mirándola fijamente.- Hasta mañana- Se despidió acercándose lentamente a la chica y rozándole la mejilla en un tierno beso, un beso con el que ambos sintieron un escalofrío recorrerles toda la espaldas.
Benja se separó un poco pero quedó a pocos centímetros de la chica, aprovechando para acariciarle la mejilla.
- Adios…
Benja se apartó delicadamente de ella y comenzó a caminar de espaldas, sin poder apartar la mirada de Camila, sonriendo como un bobo y rezando para no tropezarse con nada y caerse de culo.
Camila, por su parte, con las llaves en el picaporte tampoco dejaba de mirarlo pero de repente la puerta se abrió de golpe y vio a la última persona que pensaba ver.
- Hola cariño.- La saludó Diego con una sonrisa estampada en la cara.
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