vineri, 23 aprilie 2010

Mas que musica , amor - capitulo 2

Capítulo 2, “¿Nueva vida?”:

Camila caminaba por el campus de la universidad de Buenos Aires. Habían llegado justo el día anterior y nunca lo había pasado tan mal. Se despidió de su grupo y les pidió mil disculpas por no grabar el CD, los chicos no se lo tomaron muy bien pero finalmente Brenda sería la nueva cantante y después harían audiciones para otra pianista. Además, las cosas con Diego quedaron algo raras, se despidieron, prometieron hablar con frecuencia pero poniendo una regla: mantenerse fieles pero cuando la situación no diera para más tendrían que ser sinceros el uno con el otro…

Y allí estaba ella, a miles de kilómetros de su mejor amiga de su novio, matriculándose en la Universidad a pesar de que no le entusiasmara la idea…

- ¿Puedo ayudarte?- Dijo la trabajadora de la ventana de matrículas de la Universidad.- ¿En qué carrera quieres matricularte?

Camila la miró parpadeando. Estaba tan absorta en sus pensamientos que apenas se había dado cuenta de que ya había llegado a la oficina de matrículas.

- Eh…- Tartamudeó mirando su solicitud. En la casilla de la opción de la carrera escogida había escrito “Derecho” pero en su mente las palabras “Comunicación Audiovisual” la empujaban hacia un camino que su padre nunca aprobó: el de la música y la televisión.- Esto… En la carrera de… Derecho.- Se decidió al final, sintiéndose desdichada nada más pronunciarlo.

- Muy bien. Espera un momento.- Sonrió la mujer para darle fuerzas al ver la indecisión de Camila.- Ahora mismo vuelvo con tu copia de la solicitud.

Camila le sonrió tristemente y se dio la vuelta para mirar cómo un campus desconocido para ella se extendía frente a su mirada… En España ya había hecho su pre-matrícula, sus amigos irían con ella a la facultad y ya conocía el campus de sobra. Aquí todo era diferente. Estaba sola.

Se fijó en las otras ventanas de la oficina de matriculación y una le llamó la atención. Una en la que la secretaria de la oficina y una muchacha joven de pelo largo y oscuro discutían sin parar.

- ¡Oye, a mi me dijeron que eran estos papeles y punto!- Gritó la muchacha morena con una carpeta llena de papeles en su mano.- Fotocopias del DNI, de la declaración de mi casa, de mis solicitudes de beca… ¡No falta nada!

- Lo siento, pero te falta la fotocopia de la pre-matrícula.- Dijo un poco cortada la mujer al ver cómo a esa morena se le empezaban a poner las orejas rojas.- Aunque… Bueno, si quieres te puedo… Sacar una copia del registro de la Universidad.

- Si, gracias, eso sería de mucha ayuda.- Se calmó al final la muchacha resoplando y poniendo los ojos en blanco por la incompetencia de algunas personas. ¡Nadie le había dicho nada de ese papel!

Camila sonrió al ver la escena y se acercó un poco para charlar con esa muchacha y así pasar el tiempo más rápido pero una oleada de emoción la embargó al fijarse mejor en ella.

- ¿Mica?- Preguntó extraña Cami acercándose más rápidamente a esa chica.- ¿Eres Micaela Vázquez?

La muchacha se dio la vuelta y miró de frente a Camila, primero con el ceño fruncido y después con el asombro embargándole los ojos.

- ¿Camila? ¿Camila Bordonaba?- Soltó un gritito de alegría mientras dejaba su carpeta de papeles en el mostrador y la abrazaba fuertemente.- ¡No me lo puedo creer! ¿Qué haces aquí?

- A mi padre le han ascendido, ahora es embajador español aquí en Buenos Aires.- Sonrió Camila al reencontrarse con su amiga.

Micaela había vivido un par de años en Madrid a los doce años y durante ese tiempo su mejor amiga siempre fue Camila. Pero al cabo de esos dos años el padre de Micaela murió y tuvo que volverse a Argentina porque su madre no podía con todos los gastos.

- ¡Vaya! ¡Qué casualidad! No me lo puedo creer…- Seguía diciendo la argentina sin parar de abrazar a su amiga del alma. Nunca pensó en volver a verla.- ¿Te estás matriculando?

- Si, en Derecho, ¿y tú?

- Enfermería.- Sonrió con orgullo Micaela. Ella siempre soñó con ser médico pero su familia era pobre y no podía costearse la carrera, así que se decidió por la enfermería y después ya se pensaría si hacer medicina o no.- ¿Y qué tal por España? ¿Qué tal Brenda y Ángela?

- Ángela se marchó al sur con sus padres. A su madre le ofrecieron un buen trabajo y se fueron.- Explicó Camila recordando en su mente cómo Ángela, Micaela, Brenda y ella habían hecho una piña todas juntas.- Y Brenda sigue tan loca como siempre…

- ¡Ya me imagino!- Se carcajeó Mica cogiendo su carpeta al ver cómo se acercaba la oficinista con su solicitud ya terminada.

- Aquí tienes, ya está todo resuelto.- Sonrió la mujer al ver cómo Micaela estaba de mejor humor gracias a la muchacha que la acompañaba.- Bienvenida al campus.

- Gracias.- Canturreó la chica dando media vuelta de forma muy graciosa y cogiendo de un brazo a Camila, llevándola a su mostrador, donde la otra trabajadora también tenía su solicitud.- Bien, Cami, vamos que te presento a mis amigos. ¡Te van a encantar!

- ¿¡Tienes un grupo!?- Preguntó Camila sorprendida cuando Micaela le explicó que sus amigos debían estar en la bajera donde ensayaban.- ¡Yo también! Brenda, Diego, otras chicos del bachillerato y yo montamos uno.

- ¡Vaya! Eso es genial.- Sonrió Mica abriendo la puerta del lugar, que daba a unas escaleras que bajaban hacia una especie de garaje lleno de sofás, una batería, un teclado, varias guitarras y algunos micrófonos y altavoces.- ¿Te gusta?

Camila miró a su alrededor cuando acabó de bajar las escaleras y se acercó a la batería, siempre le había gustado, aunque no sabía tocarla.

Siguió mirando el lugar y vio otra puerta en la pared más alejada de las escaleras, donde había colgado muchos posters de famosos: Rolling Stones, Charly García, Bon Jovi, Aerosmith, Airbag… Toda inspiración para quién admiraba la música como ella.

Pero la sonrisa se le borró de golpe cuando un chico entró tirando de una moto y maldiciendo por lo bajo.

- Mierda de cacharro… Me deja tirado en todas las esquinas…- Siguió refunfuñando el muchacho rubio, dejando la moto apoyada en un montón de trozos de madera que tenían junto a una pared.

- ¿Otra vez la moto?- Preguntó Mica frunciendo el ceño a su amigo, que se limpiaba las manos de grasas con una sonrisa, sonrisa que se le borró al ver a Camila.- ¿Qué pasa?

- ¿Qué hace ella aquí?- Preguntó severamente sin apartar la mirada de la pequeña castaña. Camila estaba alucinando… De todos los grupos de Argentina Micaela tenía que pertenecer al que ganó en el concurso. ¡Eso era de locos!- ¿Qué haces aquí, nena?

- Yo…- Comenzó a hablar Camila.

- ¿Qué pasa? ¿Os conocéis?- Alzó las cejas Micaela sin creérselo. ¿De dónde se podían conocer esos dos si Camila acababa de llegar de España?- ¡¿Cómo?!

- ¿Te acuerdas del grupo español que nos ganó en el festival de Madrid y de la chica que cantaba como un ángel pero que se dejaba manipular por el imbécil de su novio?- Le preguntó Benja a su amiga con sarcasmo, haciendo que Camila se enfureciera.

- ¡Yo no me dejo manipular!- Escupió sintiéndose ofendida por las palabras del muchacho. Si alguna vez había llegado a caerle bien ahora había perdido todo su encanto.

- ¿Era ella?- Abrió la boca incrédula Mica sin poder dar crédito a lo que estaban escuchando sus oídos.- Cami, ¿tu grupo y el de Brenda es el que ganó al mío?

- Si pero… No sabía que era tu grupo, Mica. Además, el concurso fue justo.- Se defendió Camila ante su amiga pero sabiendo que Micaela nunca podría reprocharle nada así.- Además, vuestro grupo es buenísimo pero ¿qué quieres que te diga? El nuestro fue mejor.

- Bueno, bueno… Haya paz.- Alzó las manos Micaela tratando de poner las ideas en orden.- Tú, Benja, deja de mirarla así, no tuvo la culpa de que os ganara…

- Si, pero si fue la culpable de que me echaran del bar a patadas y me pegaran esos gorilas.- Le rebatió el rubio con aire desafiante. Él nunca era así, no era injusto con nadie pero después de aquella noche en el bar le quedó muy claro que si Cami no había sido justa con él, él tampoco iba a serlo con ella.- No la quiero en mi garaje.

- ¿Tú garaje?- Inquirió incrédula Micaela acercándose al chico con aire amenazante.- ¿Tuyo?

- Oye Mica, será mejor que me vaya… Ya tienes mi teléfono, llámame cuando quieras, ¿si?- Dijo titubeante Camila comenzando a caminar hacia las escaleras y viendo cómo se avecinaba una pelea entre Benjamín y Micaela. Habían pasado cuatro años sin ver a Mica pero seguía igual de peleona que cuando estuvo en España.

- Si, será mejor que te vayas, nena…- Le invitó a salir Benja haciendo un gesto de menosprecio con la mano.

- ¡Cállate!- Le pegó un codazo Mica haciendo que el rubio se doblara de dolor.- Oye Cami, no quiero que te vayas porque quiero ponerme al día contigo pero tengo un par de cositas que hablar con Benja…

- No te preocupes, llámame cuando puedas.- Sonrió Camila ya subiendo las escaleras y acercándose a la puerta.

- Mañana te llamo.- Asintió Micaela despidiéndose con la mano y viendo cómo la castaña salía del garaje. Se giró hacia Benja y le apuntó con el dedo.- Ahora tú y yo vamos a tener una pequeña charla…

- ¿Así que la tía buena es amiga de la sargento?- Preguntó Coco con los ojos muy abiertos y riéndose de la situación.- ¡Increíble!

- ¡¡No me llames sargento, imbécil!!- Gritó Micaela levantando la mano dispuesta a pegarle una buena chapada a Coco pero sin resultado alguno ya que Coco habría previsto su reacción.- Cómo me vuelvas a llamar así lo lamentarás.

- Joder Mica, es que eres toda una sargento… ¡Cualquiera te levanta la voz!- Se excusó Coco sentándose al lado de Benja en el sofá del garaje pero lo más lejos posible de la morena.- ¿Qué hacemos?

- ¿Cómo que qué hacemos?- Le miró con burla Luisana, que estaba sentada en el regazo de Felipe.- Camila es amiga de Micaela así que puede ser nuestra amiga.

- Pero hizo que le pagaran a Benja y además nos arrebató el premio.- Discutió Coco mirando a Luisana como si sus palabras fueran obvias y verdades como templos.- No podemos dejar que esté por aquí todo el día, es nuestro garaje.

- Pero ella no tuvo la culpa de ganar. Además, Camila no va a grabar el CD, ahora vive aquí. ¡Y qué ostias, es mi amiga y viene cuando a mi me salga del…!- Comenzó a levantar la voz Micaela ante las palabras de Coco, que siempre le sacaba de quicio de una manera u otra.

- ¡Vale Mica!- La frenó Felipe alzando una mano para que no acabara la frase.- Ya sabemos de donde te salen a ti tus ideas…- Ironizó provocando la carcajada de su novia y una mirada fulminante por parte de la castaña.- ¡No me mires así! Además, yo estoy contigo, a mi me parece bien que Camila venga cuando quiera.

- Bien, además Cami canta genial y sabe mucho de música, podría ayudarnos.- Se ilusionó Mica sentándose al lado de Benja, que no había abierto la boca desde que había comenzado la actuación.- ¿Tú qué dices, Benja?

- ¿Qué voy a decir? Esto es una democracia y ya habéis elegido, ¿no? Aunque yo me opusiera seriáis tres con mí y contra Coco.- Se encogió de hombros Benjamín, mirando al frente pero sin ver nada realmente. No le hacia gracia tener a Camila allí pero era cierto que cantaba genial y, además, era amiga de Mica y los demás la aceptaban.- No hay nada más que decir.

- ¡Genial!- Sonrió Micaela levantándose rápidamente del sofá y cogiendo el móvil mientras canturreaba bajo la incrédula mirada de sus amigos. Micaela nunca estaba de tan buen humor.- ¿Qué pasa? Estoy contenta y voy a invitar a Cami al concierto de mañana por la noche…

- ¡En serio mamá, Mica no ha cambiado nada!- Sonrió Camila charlando con su madre en su habitación al día siguiente mientras se preparaba para ir al concierto.- ¡Sigue igual de peleona!

- Ay, la pequeña Mica…- Asintió su madre recordando feliz las noches que Micaela se quedaba a dormir en casa y les llevaba chocolate caliente antes de acostarse.- ¿Sabes que siempre me gustó esa chica? Siempre estaba sonriendo…

- Si, pero ahora está hecha una mandona… ¡No veas qué gritos le pegaba a la oficinista de la Universidad! Y ni te cuento de cómo le puso en su sitio a su amigo Benjamín…- Le contó Camila mirándose al espejo y poniéndose en los labios un poco de gloss.- ¿Qué tal estoy?

- Preciosa, como siempre.- Le aprobó Nora acercándose a ella y besándola en la frente.- No vuelvas muy tarde, ¿vale? Ya sabes que a tu padre no le gusta que llegues tarde…

- Si, lo sé.- Afirmó la castaña poniendo una mueca de dolor.- Mamá, ¿estás bien?

- Si cariño, no te preocupes por mí.- Le aseguró su madre al ver la preocupación que le recorría la mirada.- Yo sólo quiero que seas feliz mi chiquita.

- Pero tú no lo eres…- Gimió Camila con sus ojos comenzándose a llenar de lágrimas. Sabía cómo sufría Nora al lado de su padre y a ella le dolía más el sufrimiento de su madre que cualquier golpe que Juan le pudiera dar.- Mamá, ¿por qué no le dejas?

- Porque no todo en la vida es tan fácil como abandonar, cariño.- Sonrió su madre, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.- No te preocupes, ¿vale? Algún día las dos nos iremos de aquí.

- ¿Me lo prometes?

- Te lo juro, mi amor.- La abrazó Nora haciendo que a Camila le rodara una pequeña lágrima por la cara.

El local estaba a rebosar y por todas partes había posters del grupo de Micaela, que al parecer se llamaban “Los mismos de siempre”. Camila sonrió al leer el nombre y se dirigió al escenario, donde Mica y Luisana estaban preparando los amplificadores y los micrófonos.

- ¡Hola!- Saludó medio cortada pero alzando la voz para que se le escuchara por encima de la música.- ¿Necesitáis ayuda?

- ¡Cami!- Gritó Micaela cogiéndole de la mano y ayudándola a subir al escenario.- Mira, esta es Luisana.

- Encantada de volver a verte.- Sonrió rubia dándole dos besos, dejando a Camila un poco incómoda ya que no sabía cómo iban a reaccionar los demás miembros del grupo.- ¡No pongas esa cara! ¡Si eres amiga de Micaela también lo eres mía!

- Vaya, gracias…- Asintió agradecidamente la castaña quitándose la chaqueta y colgándola de un amplificador. ¿Os ayudo con la prueba de micrófonos?

- No te molestes guapa.- Apareció Coco saltando por encima de unos cables enredados en el suelo. Detrás de él venía Felipe con una guitarra rosa en la mano.- Soy Coco, encantado. Y este es Felipón.

Camila les dio dos besos y le sonrió. Estaba encantada, todos eran muy simpáticos y se portaban genial con ella. A ninguno parecía molestarle su presencia… A ninguno menos a Benja, que había llegado con una banqueta y un micrófono lanzándole una mirada de “yo no seré tan simpático contigo”.

- Llámame Felipe, por favor. Coco me llama así cuando se quiere hacer el gracioso.- Le guiñó un ojo el moreno haciendo que Camila desviara la mirada de Benja y le prestara atención.- Espero que te guste el show.

- Seguro.- Corroboró la muchacha bajándose del escenario y colocándose en la barra.

- ¡Hola chicos!- Saludó Benjamín sentado en su banqueta mientras Felipe le pasaba la guitarra rosa a Luisana y se sentaba en la batería.- Hemos vuelto del viaje y cómo ya sabréis no lo logramos… ¡Pero el año que viene iremos a por todas!

El público rugió y la música comenzó a sonar. Micaela era una ídola con el bajo, Coco tenía unos dedos que parecían flotar encima del teclado, Luisana acompañaba con la guitarra y los coros y Felipe tocaba la batería como el rey del mambo… Eran geniales y… Benja cantaba de maravilla.

Camila no pudo más que mirarle con la boca semi-abierta, dejando que la música y la letra de la canción le embriagan… Benja no podía cantar tan bien, Benja no podía poner tanto sentimiento, Benja no podía ser tan guapo…

La muchacha sacudió la cabeza rápidamente al darse cuenta del rumbo que estaban tomando sus pensamientos. ¿Estaba loca o qué? Ese tío la ignoraba. Es más, ese tío la odiaba. Además, ella tenía novio, un novio que la quería y que estaba dispuesto a esa relación a distancia… Debía dejar de mirar al rubio y su mente le jugaría una mala pasada.

La música terminó de sonar y los chicos bajaron del escenario hacia la barra entre aplausos. Se notaba que por allí eran muy queridos y que todos sus amigos estaban esa noche en el club.

- ¿Te ha gustado?- Preguntó Coco cuando llegó hasta donde ella estaba, poniendo su mejor mirada de seductor.- Cuando quieras de hago un pase privado.

- No, gracias.- Sonrió Camila ante la propuesta y abrazándose a Micaela, que tenía cara de malhumor.- ¿Qué te pasa? Lo habéis hecho genial.

- Si, lo sé. Es que Coco me saca la vena asesina…- Dijo entre dientes para que sólo Camila la pudiera escuchar.- ¡Me saca de mis casillas completamente!

- ¿No será que te gusta?- Le picó Cami con cara de pillina, molestando enormemente a Mica y viendo como Coco se volvía a la barra para ligar con la camarera.

- ¿Gustarme ese? ¡Por dios, Camila! Coco tiene que comer mucha sopa para que me guste a mi…- Le explicó la muchacha con cara de que eso era obvio y que no tenía sentido pensar en ello.- No me llega ni al chicle que se me pega a la suela del zapato…

- ¡¡Di que sí, mujer!!- Se metió en la conversación Luisana con tres cervezas para ellas.- Coco es un burro, no ha pasado de la pubertad. Lo único que quiere son chicas y más chicas… Es tan obseso que me pregunto si es así de exagerado sólo para esconder que es gay.

- ¿Quién es gay?- Preguntó Felipe acercándose con Benja a las chicas.

- Nadie.- Conestó Camila sonriéndole a Felipe, que le había caído realmente bien.- Es que Luisana que cree que Coco tiene un serio trastorno de obsesión por las chicas.

- Si, y si no te andas con cuidado tú caerás.- Le dijo con sorna Benja, dándole un trago a su botellín de cerveza y mirando sin pestañear a Camila.

- ¿Y eso te molestaría?- Le desafió Cami con las cejas alzadas acercándose a él para tratar de ponerse, inútilmente, a su altura.

- ¡Uy! ¡Golpe bajo!- Sonrió Mica guiñándole un ojo al rubio, que se había puesto de todos los colores antes de volver a componer una expresión neutral.

- No, es sólo que sería divertido ver como le pones los cuernos al capullo de tu novio.- Le explicó como si nada el muchacho, haciendo a Camila rabiar mientras fruncía el ceño.- ¿O no?

- Primero, ni te importa lo que yo haga. Y segundo, si te pones celoso no la pagues conmigo…- Le pidió “amigablemente” haciendo que Felipe, Micaela y Lu lanzaran silbidos de “strike 2”.

- Será mejor que vaya a preparar las cosas para la siguiente canción.- Dijo Benja ácidamente antes de volverse a marchar.

- Strike 3.- Dijo finalmente Felipe antes de marcharse detrás de su amigo.

- Me caes bien, Camila.- Sonrió Luisana levantando la cerveza para que las tres brindaran.

Camila llegó a casa más contenta de lo que había pensado. Aunque Benjamín había un verdadero capullo los demás se habían portado genial y Luisana le había caído realmente bien, iban a ser muy amigas, lo presentía.

Abrió la puerta de casa y escuchó un gemido. Miró rápidamente a la cocina: había luz. Corrió hacia allí y vio algo que la hundió en la miseria: su madre estaba sentada en el suelo con el labio sangrándole y con una bolsa de hielo en el hombro, gimiendo bajito.

- Mamá…- Derrapó en el suelo Camila susurrando para que su padre no la escuchara.- Mamá, ¿qué…?

- Cami, cariño, vete, corre…- Le suplicó Nora con los ojos anegados en lágrimas.- Yo estoy bien pero como te vea va a ser peor.

- No pienso dejarte sola…- Dijo la muchacha levantándose rápidamente y cogiendo un trapo húmedo del fregadero. Se acercó a su madre y le limpió la sangre del labio.- Vamos a un hospital.

- ¡No, no! Sabes que no puedo hija…- Murmuró su madre sintiendo como su hija la curaba con cuidado y agradeciéndoselo con la mirada.- Tienes que irte, ha bebido y ya sabes cómo se pone… Si te ve…

- Pero…

- ¡¡Nora!! ¿¡Con quién hablas!?- Rugió Juan desde el piso de arriba y comenzando a bajar por las escaleras con paso inseguro debido al alcohol.- ¡Nora!

- ¡Corre Cami, corre!- Lloró Nora levantándose del suelo y empujando a su hija hacia la salida.- Vuelve mañana por la mañana, ve con Micaela.

Camila salió corriendo de casa con las lágrimas surcándole las mejillas sin parar. Aquella situación cada vez era peor y el sufrimiento que sentía al ver así a su madre le rompía el corazón cada día más. ¡Tenían que encontrar una salida! Pero no era tan fácil… Juan tenía amigos, recursos, y ellas no eran nadie, sólo la hija y la esposa de Juan Bordonaba, el mismísimo embajador de España en Argentina y juez muy respetado.

Corrió sin parar durante varias manzanas y cuando sus piernas no funcionaron más se dio cuenta de que no sabía dónde vivía Micaela.

Se sentó en el banco de un parque oscuro y dejó que las lágrimas salieran con más fuerza. Miró un cartel del parque y vio que estaba cerca de la bajera donde ensayaba el grupo. Quizá Mica estaba allí, quizá el grupo había ido allí a celebrar el éxito del show…

Se levantó del banco y cruzó el parque con energías renovadas, luchando por no derrumbarse en el siguiente paso y tratando de que las lágrimas pararan, aunque era imposible.

Miró la puerta que daba a la entrada por donde había aparecido Benja con la moto y vio luz por la ranura del suelo. Se lanzó a golpearla gritando el nombre de Mica y cuando nadie le abrió cayó al suelo desesperada, llorando aún más si cabe…

De repente la puerta se abrió y alguien se agachó a su lado, apartándole el pelo de la cara, pues se le había pegado con la humedad delas lágrimas.

- Vamos, Cami, vamos adentro…- Dijo la voz de Benja, que ahora sonaba cercana y dulce y no ruda y sarcástica como en el bar.

La tomó por debajo de los brazos y la abrazó hasta llevarla al sofá, donde ella seguía sin separarse de él y él estaba sin saber qué hacer. Ni si quiera sabía qué le pasaba.

- Cami, Camila… ¿Qué ha pasado?- Preguntó el muchacho separándose un poco de ella para mirarle mejor. Estaba echa un mar de lágrimas, tenía el pelo pegado a la cara y el rímel le estaba dibujando chorretones negros por las mejillas.- Cami…

- No me sueltes, por favor…- Susurró Camila antes de volver a abrazarlo con todas sus fuerzas.

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