Capítulo 4, “Canción de reconciliación”:
El tiempo se detuvo completamente en aquel instante. Camila miró a Diego como si fuera un espejismo, como si no estuviera allí y todo fuera un sueño. Después miró a Benja, que seguía observándola pero esta vez sin sonreír, esta vez con amargura.
- Cami, cariño, ¿no me vas a saludar?- Sonrió Diego al ver el shock de la muchacha, acercándose a ella y dándole un beso en los labios.
Camila reaccionó en ese momento, no por el beso, sino porque Benjamín agachó la mirada con una expresión indescriptible en el rostro. ¿Por qué se ponía tan mal?
- Diego… ¿Qué… haces aquí?- Logró articular la castaña, mirando directamente a los ojos del moreno, que la miraba sonriente hasta que vio a Benja.- ¿Cómo…?
- La pregunta es, ¿qué hace él aquí? ¿No es el imbécil que me pegó en España?- Preguntó con rabia sin dar crédito a lo que veían sus ojos. ¿Qué hacía aquel tipo allí? No, lo más importante era: ¿Qué hacía aquel tipo allí con SU novia?
- Él… Él es amigo de Mica y… Me ha acompañado a casa.- Explicó Camila tratando de que las palabras no se le agolparan en la cabeza.- Pero tú…
- Yo he venido a visitar a mi chica…- Sonrió Diego de nuevo besándola con brusquedad mientras miraba de reojo a Benjamín, que se había quedado parado observando la escena y sin poder mover ningún músculo.
- ¡Para Diego!- Logró apartarlo Camila, mirando rápidamente al rubio y acercándose a él para hablar en voz baja. No quería que Diego la escuchara.- Gracias por acompañarme y… siento todo esto, Benja.
- No… No lo sientas, Cami.- Dijo el muchacho centrándose sólo en ella para que la rabia no lo invadiera.- Por lo menos en él confiarás para que le cuentes qué te pasa. Es bueno tener a alguien.
- Yo…- Camila se había emocionado con las palabras del chico. No se podía creer que se preocupara tanto por ella, y mucho menos teniendo allí a Diego lanzándole miradas fulminantes.
- Mañana nos vemos, ¿vale?- Le dedicó una sonrisa triste y se marchó lo más rápido que pudo de allí, antes de que su cabeza se volviera loca e hiciera una locura.- Benja, ¿eres tonto o qué? ¿Qué te pasa?- Se preguntaba en voz baja a si mismo una y otra vez por el camino.
Camila, por su parte, se quedó allí mirando como la espalda de Benja se alejaba. Ahora mismo estaba echa un lío. Con Benja siempre discutía pero ahora se llevaban relativamente bien… Y justo cuando estaba viendo que podían ser amigos pasaba todo aquello…
Pero, ¿sólo amigos? Camila cerró los ojos y visualizó en su mente la cara de dolor de Benjamín al ver cómo Diego la besaba… ¡Diego!
Se dio la vuelta rápidamente y parpadeó para evitar las lágrimas.
- Joder Camila, cruzo el Atlántico para verte y ¿así me recibes?- Se quejó el moreno acercándose a ella con reproche en la cara.- ¿Qué pasa con ese tío?
- No… No pasa nada, Diego. Benja sólo me ha acompañado porque ya era tarde.- Sonrió forzadamente cogiéndole de la mano y tirando de él hacia su casa.- Vamos adentro.
Coco y Micaela caminaban en silencio, algo nerviosos e incómodos.
- ¿Me vas a perdonar?- Preguntó de repente el muchacho haciendo que Micaela alzara la cabeza rápidamente, dando de lleno con los ojos verdes del chico.
- No tengo nada que perdonarte, Coco. Perdóname tú a mí… Seguramente tus abuelos estarán pensando que salir contigo me ha vuelto completamente loca.- Se rio al recordar la escena que había montado durante la cena.- Me siento una estúpida.
- Pues no te sientas así porque no lo eres. Me has ayudado y te lo agradezco.- Sonrió el chico amablemente viendo como se acercaban a casa de la muchacha.- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Claro, dispara.- Respondió rápidamente la chica, arrepintiéndose en seguida. ¿Qué le iba a preguntar ahora? De Coco se podía esperar cualquier cosa…
- ¿Tan malo es ser mi novia?- Preguntó el chico con cara de mártir. Todo el mundo decía que era un crío, y era verdad. No sabía porqué lo hacía, seguramente para vivir la vida y aprovechar el momento. Carpe diem. Pero esa noche se sentía como si con todas esas chicas hubiera perdido el tiempo.
- Bueno, quitando el hecho de que eres un picaflor… No es tan malo.- Suavizó la respuesta la chica, sonriendo para que Coco no se lo tomara a mal.
- ¿Picaflor? ¿Qué clase de palabra es esa?- Se metió con la chica, riéndose de su propia gracia. Micaela también se rio. Coco tenía razón. ¿Esa palabra había salido de su boca?- Bueno… Supongo que no soy el mejor ejemplar de novio… Ni siquiera de novio ficticio.- Se encogió de hombros tornándose serio de nuevo.
- Lo que te pasa es que estás demasiado obsesionado con las chicas… ¿Por qué no dejas ya de comportarte como un adolescente y comienzas a madurar? Quizá si te centras en una sola chica…
- Tienes razón… De hecho me gusta una chica.- Confesó Coco sintiéndose de pronto muy cohibido. ¿Acababa de decir eso él? ¿Se lo acababa de decir a Micaela?
- Si, claro…- Ironizó la muchacha con un gesto de “eso no es nada nuevo”.- A ti te gustan todas, Coco.
- No, me refiero a que me gusta una chica de verdad. Una de la que podría estar enamorándome.- Se defendió el muchacho levantando la voz. Realmente le había molestado el comentario sarcástico de la chica.- ¿Qué te crees? ¿Qué porque trate de ocultar lo que siento de verdad soy un bloque de hielo? Tengo sentimientos, Mica, no soy como tú crees que soy…
- Lo… Lo siento.- Se disculpó la muchacha un tanto avergonzada de su propio comportamiento. Ella no juzgaba nunca a nadie pero conocía a Coco desde hacía tanto tiempo que se le hacia raro que estuviera enamorado.- Es que bueno, yo pensaba que sólo ibas a sentar la cabeza a los treinta… ¡Y no te lo tomes a mal!
- No, no me lo tomo a mal… Supongo que todo el mundo piensa eso, ¿no? Que soy un viva-la-virgen y que nunca voy a poder ser serio con nada… ¿Pero sabes qué, Mica?- Preguntó de pronto animando el gesto de su cara, sonriendo como sólo él sabía hacerlo.- Tienes razón, voy a madurar y voy a sentar la cabeza, centrarme en esa chica y olvidarme de las demás.
- Eso es genial…- Dijo con entusiasmo Micaela pero perdiendo la alegría a la par que terminaba la frase. ¿Coco enamorado? Por alguna extraña razón que desconocía no se sentía nada bien ante la perspectiva de que el chico sentara la cabeza con otra chica. ¿Qué demonios le pasaba esa noche? ¿Le habían echado algo en la bebida o qué?
El día siguiente amaneció con una oleada de frío. El calor hacia ya días que había pasado y ahora les esperaba la época más dura, la del frío y la de las clases en la universidad.
- ¿Así que mañana comienzas las clases?- Preguntó Diego mientras entraban en la bajera, donde ya estaban Luisana y Felipe, haciéndose arrumacos tumbados en un sofá.
- Si, mañana es la presentación del nuevo curso y estoy un poco nerviosa.- Contestó Camila bajando las escaleras mientras veía cómo sus amigos no paraban de darse el lote.- ¡Hola chicos!
- ¿Eh? ¿Qué…?- Tartamudeó Felipe levantando de golpe la cabeza del cuello de su chica. Era verdad, el enamorado no lo nota pero poco a poco se vuelve idiota… y sordo en el caso de Felipe y Luisana.- Eh, hola Cami… Nosotros, esto… eh… Estábamos esperándoos para ensayar.
- Ya, claro…- Sonrió Camila viendo cómo Luisana se ajustaba la camiseta y se sentaba recta en el sillón.- Lu, se te ha corrido el pintalabios.
- Eh… Gracias.- Respondió rápidamente la rubia sacándose del bolso un espejo y retocándose.- ¿Y tú quien eres?- Preguntó de repente al sentir la presencia de Diego.
- Soy Diego, el novio de Camila.- Sonrió el moreno acercándose a ella y dándole un beso en la mejilla.- Encantado.- Se dirigió también a Felipe, que todavía estaba algo colorado por la pillada de Camila.
- Tú eres el batería del grupo que ganó en España.- Dijo Felipe sin tener alguna duda mientras le estrechaba la mano a Diego. Jamás olvidaría la cara de su oponente.- Eres bueno.
- Gracias, tú también.- Asintió Diego con una sonrisa de suficiencia, provocando en Luisana una mueca de desagrado. ¡Ese tío era un creído!
Micaela entró cargada de libros y clasificadores seguida de Benjamín, que venía con las manos llenas de bolsas, donde se transparentaban todos los útiles que necesitarían para las clases.
- Chicos, la próxima vez que nos pidáis compraros las cosas os voy a mandar directamente a la mierda…- Dijo sin tapujos Micaela, bajando a trompicones por las escaleras y lanzando maldiciones por lo bajo.- ¡Diego!
- ¿Mica?- Sonrió el muchacho al ver cómo la morena no había cambiado nada desde que la había conocido en España.- ¡Vaya, estás igual!
- No puedo decir lo mismo que tú…- Dijo la muchacha dejando todo en el suelo y acercándose a saludar a su ex-compañero de clases.- Estás más guapo.
Camila y Diego saltaron una carcajada y Benjamín tosió dejando las bolsas encima de un armario, provocando que Camila se callara al instante y sus miradas se encontraran.
- ¿Todavía no ha venido Coco?- Benja fue directo al grano. Sin saludar a Diego cogió su guitarra, se colocó frente al micrófono y miró a sus compañeros de banda, que lo observaban callados y sin pestañear.- ¿Empezamos o no?
- Pero falta Coco…- Murmuró Luisana con el ceño fruncido, extrañada por la actitud de su mejor amigo.- ¿Se te ha ido la olla o qué?
- ¡Ya estoy aquí!- Gritó de pronto Coco entrando por la puerta trasera con la vieja moto de Benjamín a cuestas, rota de nuevo.- Tío, esto es una mierda, me ha dejado tirado tres veces por el camino… ¡Y vivo a 100 metros!
- Te jodes, ahora a ensayar.- Le cortó bruscamente el rubio haciendo que Coco dejara de hablar y lo mirara con los ojos entrecerrados. Por su parte Camila torció la cabeza para tratar de comprenderlo y Diego alzó una ceja con ironía.- ¿Qué? ¿Por qué me miráis así?
- Benja, no me parece bien que le hayas hablado así a Coco…- Comenzó a hablar Camila.
- ¿Y alguien te ha pedido tu opinión?- Le espetó bruscamente Benjamín, dejándola cortada y totalmente avergonzada.
- Oye tú, muñequito de plástico, como le vuelvas a hablar así a mi novia te…
- ¡Eh! ¡Haya paz!- Cortó todo Felipe, alzando las manos entre los pechos de Benja y Diego, que ya se estaban acercando para darse de golpes de nuevo.- El próximo que diga algo ofensivo se va a la calle… ¿Entendido?
- Ese Benjamín es un completo idiota.- Sentenció Diego cuando llegaron a casa de Camila para comer con su madre.- Se tiene merecida la paliza que le dieron.
- No digas eso, Benja es buen chico.- Lo defendió la muchacha de forma insegura. La verdad es que Benja se había comportado como un completo estúpido toda la mañana.
- ¿Buen chico? A Coco lo ha dejado cortado nada más llegar, a Felipe le ha querido llevar la contraria en todas las variaciones de la canción que proponía, a Luisana casi no le deja cantar y a Micaela no le ha dicho nada porque ya sabía que si metía con ella se llevaba una somanta de palos…- Enumeró Diego una a una todas las gilipolleces que había hecho Benjamín en el ensayo.
- Un día malo lo tiene cualquiera…- Volvió a defenderlo Camila, ensimismada en sus propias ideas.
¿Por qué Benja estaba así si ayer a la noche estaba de lo más simpático? ¿Por qué hoy ni siquiera la había mirado? ¿Por qué volvía a ignorarla?
- Hola chicos, la comida ya está lista.- Sonrió la madre de Camila saliendo de la cocina limpiándose las manos con el delantal.- He hecho tu comida favorita, Diego.
- Gracias Nora, eres la mejor cocinera del mundo.- Sonrió el muchacho caminando hacia la cocina y dejando a Camila sumida en sus pensamientos. ¿Por qué le dolía tanto la actitud de Benja?
- ¿Qué te pasa? Llevo aquí dos días y apenas me has besado, no me cuentas nada y apenas me miras… ¿Se puede saber qué coño te pasa?- Discutió Diego horas después en el cuarto de la chica en uno de esos momentos que Camila se había quedado colgada pensando en Benjamín.- ¿Ya no me quieres? ¿Ya no quieres estar conmigo?
Camila alzó la mirada ante esas preguntas y ladeó la cabeza, pensando en ello. Llevaba en Argentina semanas y sólo ahora se daba cuenta de una cosa: lo único que echaba de menos de España era a Brenda, en Diego ni siquiera había pensado.
- Lo siento, yo…- Suspiró profundamente y los ojos se le humedecieron. ¿Qué le estaba pasando? ¡Qué tonta era! ¿Era posible sentirse así de espesa, así de confusa? ¿Era posible pensar en mil cosas y a la vez no saber en qué estaba pensando?
- ¿¡Tú qué!?- Diego la cogió por los brazos y la zarandeó. La miró con los ojos llenos de ira y entonces su expresión se suavizó. En menos de dos segundos se había dado cuenta de todo y no se creía lo tonto que había llegado a ser.- Es por el rubio, ¿verdad?
- ¿Qué…?- Logró articular Camila, a la cual le latía el corazón desaforadamente.
- Si, te gusta el rubio…- Dijo él con los ojos entrecerrados y soltándole los brazos. La miró fijamente y Camila bajó la mirada sin saber qué contestar. ¿Le gustaba Benja? ¿Era era la imagen que daba?- ¡No me lo puedo creer! ¿Estás enamorada?
- ¡No!- Se apresuró a contestar ella clavándole los ojos con decisión pero apartándolos en seguida. ¿Enamorada de Benja? Imposible.- No estoy enamorada de él. Lo único que me pasa es que estoy lejos de ti y entiéndeme, ya nada podrá ser igual que antes, estamos a miles de kilómetros, somos jóvenes y ahora vivimos vidas separadas. Tú vas a grabar el CD, vais a ser famosos, vais a conocer mundo y a viajar…
- Tienes razón.- Corroboró finalmente Diego tras una pausa de varios segundos.- Vivimos en mundos diferentes y no da para más. No sé porqué he venido…- Lanzó con gesto dolido y mirada de reproche.- No te lo mereces…
- ¡Pero Diego…!- Gritó Camila detrás de él al ver cómo salía de su cuarto a zancadas.
Lo siguió hasta el cuarto de invitados y allí el moreno sacó su maleta, todavía sin deshacer. Camila lo miraba desde la puerta sin poder decir nada y sólo negando con la cabeza. ¿Por qué cuando más necesitas hablar y expresarte las palabras se quedan en la garganta, formándote un nudo tan doloroso que duele?
- ¡Ya basta! ¡No intentes decir nada, no te excuses y mucho menos me pidas que me quede! No tienes derecho a ello…- Tronó el muchacho fuera de si, saliendo como una bala del cuarto y bajando las escaleras corriendo.
Camila corrió detrás pero en ningún momento pudo hablar. Lo vio marcharse desde la puerta de su casa y no puedo hacer nada para detenerlo.
Era cierto que no lo amaba, era cierto que no quería estar con él. Pero ellos siempre habían sido amigos y eso era lo que quería ella: hablar para hacerle entender cómo se sentía, hablar para mostrarle que ella lo seguía necesitando… Pero no logró encontrar las palabras.
Miró como el taxi se marchaba y vio a lo lejos como el sol se iba poniendo poco a poco… Cerró los ojos y se quedó allí, parada y sin mover un solo musculo. Sólo cuando un coche paró frente a ella, minutos después, los abrió. Era su padre.
- ¿Qué haces ahí parada como una loca?- Le gruñó entre dientes para que la gente no lo escuchara y así seguir manteniendo las formas.- ¡Entra adentro!
Camila parpadeó varias veces y entró. Se sentó en el sofá y volvió a cerrar los ojos, recordando algunos de los momentos vividos las últimas semanas: el concurso en España, la posibilidad de grabar un CD, la pérdida de esa posibilidad, Mica, la banda argentina, el garaje de ensayos, Benja…
Abrió los ojos y vio a su padre delante de ella, rojo y bufando enfadado.
- ¿Quieres acabar conmigo, Camila?- Y sin dar tiempo a contestaciones se acercó a su hija y le agarró del cabello, tirando de fuerte que la tiró al suelo.- ¡¿Quieres que la gente piense que tengo una hija loca que vaga por las calles con cara de demente y ojos cerrados?!- Volvió a preguntar agachándose frente a ella y cogiéndole de la mandíbula tan fuerte que seguramente le dejaría marcas.- ¡¡No te quiero ver otra vez en esa situación!!
- Lo… Lo siento.- Lloró la muchacha tratando de deshacerte de la mano de Juan.- Me haces daño…
- ¡¿Qué te hago daño?! ¡¿Qué te hago daño?!- Gritó furioso separándose de ella y dándole un puntapié en las piernas, dejándole al instante una marca roja y con gotitas de sangre en la rodilla desnuda.- ¡Reza porque no te haga más daño, niñata!
- ¡¡Ya basta!!- Gritó de repente Nora, entrando a casa con la bolsa de la compra y tirándola al suelo al ver cómo su hija era maltratada por aquel hombre.- ¡¡¡Suéltala!!!
Juan miró a Nora como si nunca la hubiera escuchado hablar. Después dirigió su mirada a Camila, se encogió de hombros y subió las escaleras como si nada hubiera pasado.
- Mamá…- Sollozó Camila todavía en el suelo y frotándose la rodillas.
- Tranquila cariño, tranquila, estoy aquí…- La abrazó Nora dándole besos sin parar en el cabello.- Pronto se va a terminar, ya lo verás, mi amor…
- Mamá, vámonos, aunque sólo sea esta noche. Sabes que cuando baje volverá a gritarnos y a pegarnos.- Suplicó Camila mirando a su madre con profunda tristeza y hablando lo más bajo que podía. No quería que él la escuchara y bajara a arremeter contra su madre.- Vámonos…
- No, Cami.- Negó su madre con la cabeza y mirando fijamente a su hija para que comprendiera.- Escúchame. Vete y duerme en la bajera, yo estaré bien pero tú duerme tranquila.
- No, otra vez no te voy a dejar sola…
- Hazlo por mi, hija.- Rogó Nora ayudando a la muchacha a levantarse y peinándola con una sonrisa triste.- Tú ve y descansa, estarás a salvo allí. No te preocupes por mí, estaré bien.
- Te quiero, mami.- Susurró Camila dándole un beso y saliendo de casa cojeando.
Camila llegó al garaje y se tiró en el sofá, tratando de luchar contra las lágrimas y tratando de no recordar cómo era posible haber dejado sola a su madre.
Se frotó la cara respirando profundamente y fue al baño, se lavó bien la rodilla y sacó el botiquín. Se curó lentamente. Aunque no había mucha sangre el moratón era considerablemente grande.
Se lavó también la cara y se sentó en el sofá frotándose la pierna a cada instante por el dolor. Si por lo menos hubiera llevado pantalones y no falda no le habría quedado tanta herida…
Cogió un bolígrafo y un papel y comenzó a escribir lo primero que se le pasaba por la cabeza… Se sentía tan sola…
Los minutos pasaron y las palabras se transformaron en canción, una canción que a ella misma emocionó. Una lágrima se le escapó al leer su letra. [i]Where do you go when you're lonely? Where do you go when you're blue…?[/i]
La puerta trasera se abrió de golpe y la famosa motocicleta de Benjamín apareció en primer lugar, siendo empujada por el rubio, que se quedó quieto durante un segundo al ver a Camila con un golpe en la pierna, llorando y demacrada por la tristeza.
- Cami…- Susurró cerrando la puerta, apoyando la moto contra la pared y acercándose rápidamente a ella.- ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué estas aquí? ¿Por qué estás sola y herida?
Camila lo miró sin poder responder. Dejó el bolígrafo sobre la mesa e inspiró profundo.
- Parece que siempre apareces cuando más necesito a alguien…- Dijo triste y melancólicamente.
- ¿Qué…?- Benja estaba hecho un lío. ¿A qué se refería?- Cami, ¿qué te ha pasado? ¿Dónde está Diego? ¿Quién te ha hecho eso…? ¡Mierda, Diego!
- ¡No, no!- Negó en seguida al ver por donde iban los pensamientos del muchacho, que se había puesto rojo de furia.- Diego ha vuelto a España, hemos roto. Y no, él no me ha esto.
- ¿Entonces?- Se tranquilizó el rubio. Camila lo volvió a mirar sin responder y Benja le acarició la mejilla, capturando una lágrima que caía por la mejilla de la muchacha.- No me digas nada si no quieres entonces…- Sonrió dándole confianza.- ¿Estás escribiendo?
- Eh… Si, pero no tengo música, no soy muy buena en eso.- Sonrió Camila, pero la sonrisa no le llenó los ojos.
- ¿Puedo echarle un vistazo? Tú pones la letra y yo la música.- Le propuso con media sonrisa, alzando la mano para leer la canción.- ¡Vaya! Es muy buena…
- Gracias…- Se sonrojó Camila olvidándose de golpe de todo el sufrimiento. Se sentía tan bien hablando con Benja…- ¿Puedes hacer algo con ella?
- ¿Estás de broma? Espera media hora y tendremos el mejor tema de todos los tiempos.- Se rió el muchacho poniéndose manos a la obra.
Los minutos pasaron, quince, veinticinco, treinta y ocho, cincuenta y cuarto….
- Esto ya está listo.- Habló por fin Benja, suspirando satisfecho con su trabajo.
- Has dicho media hora…- Se quejó de broma Camila cuando se dio cuenta de que el rubio había terminado. Había estado tan absorta viéndolo trabajar que se había olvidado completamente de la canción.
- ¿La tocamos?
- ¿Los dos?- Alzó las cejas la chica algo vacilante.
- ¡Claro! ¿Hay alguien más aquí?- Le tomó el pelo el rubio girándose para verificar en son de chiste que realmente estaban solos en el garaje.- Tú sólo sigue la música y canta, ¿vale?
- Ok.
http://es.youtube.com/watch?v=koFdxDXVAwo&feature=related
Las notas comenzaron a surgir de la guitarra de Benja, que tocaba con decisión sin apartar la mirada de Camila, y entonces la voz suave y melodiosa de Camila llenó la habitación, levantándolos en un vuelo invisible sobre un mundo paralelo en el que sólo existían ellos dos y aquella canción.
Era triste la canción, si, pero al cantar los dos tenían los ojos llenos de emoción y satisfacción, llenos de ternura y admiración de el uno por el otro.
Los segundos pasaban y sus voces se empastaban a la perfección, dejándolos sin aliento, dejándolos totalmente hipnotizados… Benjamín apartó su guitarra en la última nota y acarició a Camila, quien cerrando los ojos no pudo pensar más y se arrastró al beso que tanto esperaba inconscientemente.
Se fundieron en un abrazo tierno y dulce mientras sus bocas proferían el beso más pasional que jamás habían sentido… Era una contradicción de sensaciones pero a ellos sólo les importaba una: lo bien que se sentían el uno en los brazos del otro.
Se recostaron suavemente en el sofá y Benjamín acarició su rodilla lastimada mientras besaba el cuello de la muchacha.
- No me lo cuentes pero déjame cuidarte.- Le susurró a la castaña, haciendo que ésta se estremeciera en el escalofrío más excitante y dulce del mundo.- Sólo déjame…
- No quiero estar sola… ni triste…- Respondió la chica recordándola canción y dejándose querer, volviendo a fusionar sus labios con los del chico.
- No lo estarás mientras yo esté aquí.- Aseguró el muchacho mirándola fijamente a los ojos y apoyando su frente en la de ella.- Déjame sentir a flor de piel esto que me está pasando… Déjame hacerte el amor, Camila, por favor…
Y Camila no lo dudó más. No hubo vueltas atrás ni dudas ni resentimientos.
Sus cuerpos se buscaron de forma tierna y desesperada, buscando con ansia cada milímetro de piel del otro. Se necesitaban tanto que sólo en aquel momento se dieron cuenta del porqué de tanta confusión en sus miradas, en su relación.
Siempre habían escuchado que de odio al amor sólo hay un paso y aunque nunca jamás habían sentido odio el uno por el otro se habían dado cuenta de que el ignorar al otro y discutir constantemente era sólo una forma de estar más juntos, de mirarse y hablarse…
En aquel momento sólo estaban ellos dos, sin reproches, y su canción de reconciliación flotando todavía en el aire…
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